sábado, 9 de julio de 2011

Sobre el encuentro humano - Khalil Gibran

Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades, sin embargo, sólo la que rompe su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.
Esta aventura requiere una única osadía: descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros y estar dispuesto a entregarse. No importa lo que me espera, yo deseo estar con el corazón abierto.
Que no tenga miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien. Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes, hasta que me hieran.
Déjame ser tonto hoy, porque la tontería es todo lo que tengo para dar esta mañana. Me pueden reprender por eso, pero no tiene importancia, mañana, quién sabe, yo seré menos tonto.
Cuando dos personas se encuentran deben ser como dos lirios acuáticos que se abren de lado a lado, cada cual mostrando su corazón dorado, y reflejando el lago, las nubes y los cielos.
No logro entender por qué un encuentro genera lo contrario de esto: corazones cerrados y temor a los sufrimientos.

viernes, 8 de julio de 2011

De Dioses y Hombres - Héctor Godino

¿Qué puede tener en común el glamour del Festival de Cannes y el silencio de un monasterio enclavado al sur de la provincia de Buenos Aires? Relato de un encuentro singular.

Desde un centro comercial en Buenos Aires…

La noticia que una película interesante había sido premiada en la edición 2010 del Festival de Cannes llegó rápidamente a Alver y bastaron unos pocos datos, “es sobre unos monjes asesinados en Argelia”, para ponernos en movimiento. La presentación de la semana de Cannes en Buenos Aires en diciembre nos dio la oportunidad de verla. No nos quedaron dudas que DE DIOSES Y HOMBRES era una película excepcional, volviendo firme la decisión de ubicarla.

Luego de muchas averiguaciones dimos con Alejandro De Grazia, un joven distribuidor que confió en nosotros facilitándonos la copia antes de su estreno, ayudando de esta manera en su difusión. El lunes 30 de mayo, día del hallazgo de los restos de los monjes en Argelia, estábamos haciendo el avant premiére en una de las salas del Hoyts Abasto, conseguida por la atenta generosidad de algunos amigos.

Nosotros fuimos los primeros sorprendidos por un auditorio de lo más heterogéneo, donde se combinaban el secretario del Nuncio Apostólico, docentes universitarios, la directora de Amnistía Internacional en Argentina, periodistas de medios nacionales, sacerdotes con funciones en la Arquidiócesis, la responsable de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad, el director de la principal agencia católica de noticias y un diputado nacional con su esposa, entre otros.

El silencio conmovido y generalizado al finalizar, fue el testimonio del impacto que produjo la belleza de una película donde se mostraban a unos hombres, frágiles como todos, que deben decidir o, mejor, reconocer por quién dan su vida.

Pero esta nueva aventura que nos tocó protagonizar y nos hizo entrar en relación con personalidades de los más diversos ámbitos, nos tenía deparada algo aun más importante, abriendo nuestro horizonte hasta un lugar insospechado.

El Abad General de la orden Trapense al que tocó seguir todo el proceso del secuestro y posterior ejecución de estos mártires, resultó ser argentino y pertenecer al Monasterio Trapense de Azul. Le hicimos llegar una invitación, la reseña de lo sucedido y nuestra intención de conocerlo. Él agradeció todo esto y nos invitó al Monasterio. Sin dudarlo, fuimos a su encuentro.

…hasta un Monasterio en Azul

Si al padre Bernardo Olivera le pareció un poco extraño que viajáramos diez horas para verlo por sólo dos horas y media, mayor aún fue su sorpresa cuando vio aparecer la comitiva del centro cultural formada por nueve chicos y cinco adultos.

En un lugar dominado por el silencio, el canto de los monjes de la hora nona -con que comenzó nuestra estadía- resultaba una invitación a la memoria. Luego llegaría el momento de la entrevista.

El padre Bernardo, un monje de carácter afable y sereno, habla pausado, eligiendo cuidadosamente palabras sencillas atendiendo al auditorio juvenil. Relata hechos, en sus palabras no hay sobresaltos, tan sólo el espacio para festejar alguna ocurrencia.

Comienza describiendo la comunidad del monasterio de Nuestra Señora de Atlas, que conoció especialmente debido a su interés en el mundo islámico. Su prior, el padre Christian, “era una personalidad interesante, un idealista”, aun cuando a veces no se daba cuenta lo que sucedía alrededor, que “hablaba bien, capaz de reflexiones interesantes”. El padre Cristophe, maestro de novicios, “hizo un camino personal, un proceso de entrega desde su inicial resolución de quedarse en el monasterio hasta que fue secuestrado”.

Fundamentalmente le interesa resaltar el papel de la Iglesia local, tanto del recordado Cardenal Mons. Leon-Etienne Duval, quien asumió personalmente la defensa del monasterio años antes cuando se estaba decidiendo su cierre, como Mons. Henri Teissier, Arzobispo de Argel (luego de Mons. Duval) que siempre acompañó a la comunidad. Los visitó dos días después de la Navidad de 1993, cuando se produjo el ingreso de los guerrilleros al monasterio, para recordarles la importancia de su presencia para el resto de los cristianos y hacerles la propuesta de un retiro paulatino. “Él fue la figura clave cuando se produjeron los asesinatos”.

Todo parece muy simple de comprender y aceptar en boca de este hombre que vive nuevamente en su monasterio luego de tres períodos como abad general, durante los cuales tuvo la enorme responsabilidad de seguir el proceso junto a los sobrevivientes, negociar con el gobierno argelino, hablar con los familiares y, sobre todo, conducir los destinos de su Orden en esa hora tan particular.

La conversación con el p. Bernardo fue ganando confianza, por lo cual no tuvo inconvenientes cuando le preguntamos por su vocación, por qué se había hecho trapense. También ahora lo hizo narrando hechos. “Era el día 28 de junio de 1962, estaba cursando veterinaria y salí de casa para rendir un final. Me di cuenta de que algo estaba pasando. Todo en la calle era lo que era. Tomé el colectivo y en un momento percibí delante mío una presencia que me decía “sígueme”. No había tomado nada antes, era plenamente conciente. Me baje, fui a un bar y pedí una chocolatada para despejarme. Resolví salir y tomar el primer colectivo que pasara: si iba para mi casa, dejaba la carrera y trataba de comprender esa indicación, si no, seguía con mi vida. Pasó el que se dirigía a mi casa, volví y le dije a mi madre que había terminado la facultad. Estuve algunos días encerrado sin poder reponerme. Leí un libro de Thomas Merton que una amiga me había regalado y entendí que tenía que ser monje. Por una serie de circunstancias llegue a Azul, donde recientemente se habían establecido unos monjes trapenses. Cuando recorrí la arboleda de entrada tenía un solo pensamiento: había llegado a casa.”

Se hacía la hora de despedirnos y le dejamos algunas de nuestras publicaciones, junto con el libro de Sotoo, Libertad vertical, que agració especialmente, comenzando ahí mismo a hojearlo mientras le explicábamos nuestra relación con el escultor de la Sagrada Familia. Su bendición sobre todos nosotros y los alfajores que les regaló a los chicos, marcaron el momento del retorno.

Es así como nuestro centro cultural, acostumbrado a las presentaciones públicas en lugares absolutamente laicos, en el término de pocos meses fue conducido al interior de la Iglesia misma, presentando la obra de Eliot en dos Catedrales. Más aun, a su mismo corazón, el cual palpita no muy lejos donde estos hombres día tras día afirman, en la simplicidad de sus vidas, que el fondo último de la existencia consiste en la dependencia.

Fuente: CC Charles Peguy

jueves, 7 de julio de 2011

Orar...con Thomas Merton

Enséñame cómo ir a este país

que está más allá de las palabras y más allá de los nombres.

Enséñame a orar a este lado de la frontera,

aquí, donde están estos bosques.

Necesito que me guíes.

Necesito que conmuevas mi corazón.

Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración.

Necesito que fortalezcas mi voluntad.

Necesito que salves y cambies el mundo.

Te necesito para todos los que sufren, para los encarcelados,

para los que están en peligro y en el dolor.

Te necesito para toda la gente enloquecida.

Necesito que tus manos sanadoras actúen constantemente en mi vida.

Necesito que hagas de mí, como hiciste de tu Hijo,

un sanador, un consolador, un salvador.

Necesito que des nombre a los muertos.

Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar cada cual su río.

Te necesito, tanto vivo como muerto. Amén



Thomas Merton

miércoles, 6 de julio de 2011

Incendies : el único objeto del perdón es lo imperdonable (Jacques Derrida)

Incendies, film de sobrecogedora potencia y vigoroso impacto emocional, apunta a una coyuntura en que colisionan la tragedia familiar, el drama personal acerca de los propios orígenes y los vestigios de un sangriento conflicto político-religioso en un imaginario país de Medio Oriente. Si éste no es identificado es porque el canadiense Denis Villeneuve prefiere abstraerse de la realidad histórica -un campo minado, según suele calificárselo- y aspirar a una dimensión mítica. Las atrocidades de las guerras civiles son las mismas; similares el odio que se retroalimenta, el encarnizamiento de la lucha entre fundamentalismos, las tragedias que viven los que son alcanzados por ellas, combatientes o no.

El film, que promueve la reconciliación sin ahorrar crudeza en la descripción de los enfrentamientos, intenta descubrir el origen del odio concentrándose en un caso personal. La historia -tomada de una pieza teatral del canadiense de origen libanés Majdi Mouawad- ofrece el siempre eficaz formato de una investigación detectivesca, que en este caso se duplica porque por una parte avanza del presente hacia el pasado tratando de reconstruir una vida de la que poco se sabe y por otro, se asiste paralelamente a la descripción cronológica de los hechos tal como sucedieron: la terrible trayectoria de una mujer que ha sido víctima y también verdugo, que algunos se niegan a recordar y en otros ha dejado el recuerdo de su inagotable capacidad de resistencia y el canto con que se acompañaba en las largas jornadas de cárcel, interrogatorios y torturas.

Una breve escena pone en marcha la historia. Dos gemelos canadienses asisten a la lectura del testamento de su madre y se enteran que les ha dejado dos cartas que los muchachos deberán entregar a sus destinatarios en el país donde ella nació y pasó gran parte de su vida. Una es para el padre, que ellos creían muerto; la otra para un hermano mayor del que jamás habían tenido noticia. La muchacha decide viajar de inmediato: confía que esa travesía podrá ayudarla a explicar los enigmas que rodeaban a su madre y desentrañar su oscuro pasado. Su hermano la seguirá tiempo después, cuando ya la investigación haya desentrañado los primeros enigmas.

Como en los films de detectives, cada paso (cada lugar de la región que los hijos visitan en busca de algún rastro o de algún testimonio sobre su madre, sobre la identidad y el paradero del padre, o sobre el destino del presunto hermano) trae una nueva revelación. El hilo se tensa cada vez más, los descubrimientos destapan otros frutos, cada vez más amargos y desgarradores, del odio, hasta que por fin se desemboca en la tragedia.

Villeneuve ha hecho un admirable trabajo de adaptación. Debió encontrar una traducción visual suficientemente potente y sugestiva para reemplazar la contundencia y el lirismo de las palabras de Mouawad y contó para ello con el magnífico trabajo de la cámara, la precisión del montaje y la impresionante máscara de Lubna Azabal, cuya sensibilidad hace transparentes los mil estados extremos por los que atraviesa su personaje, del amor al odio y del martirio a la fiereza, sin ocultar tampoco sus contradicciones ni perder la coherencia a lo largo de un retrato que abarca treinta años. También son notables los desempeños de Melissa Desormeaux-Poulin y de Rémy Girard, el recordado protagonista de Las invasiones bárbaras.

Fuente: Fernando López para La Nación

martes, 5 de julio de 2011

Tres ejes vitales - Marcelo Polakoff , Rabino, miembro del Comipaz

Si los tuviera que dibujar, haría un cerebro, un corazón y una mano. ¿Por qué? Porque por allí trascurre gran parte de los ejes que atraviesan nuestra existencia y, de acuerdo al trato (o maltrato) que les demos, será así el resultado –si es que acaso se puede hablar de “resultado”– en lo que a la vida concierne.

De todos modos, no es una creación mía. Ya lo afirmaba, en el Tratado de Principios del Talmud, Rabi Shimon, el Justo. Él solía decir: “Sobre tres cosas el mundo se sostiene: la Torá, el culto y los actos de benevolencia”.

Este texto bimilenario, producto de la primera compilación de la Torá Oral que constituye la Mishná (finalizada en los comienzos del siglo III e.c.), es una muy buena base para contextualizar de qué estamos hablando.

Aquellos tres pilares que Rabi Shimon nos enseña siguen siendo, hasta la actualidad, el trípode sobre el cual no sólo debiera sostenerse el mundo en el sentido más amplio del término, sino también toda tarea comunitaria e, incluso, el microcosmos que representa cada ser humano.

La tríada. De esta manera, cuando nos referimos al primer pilar, es decir al de la Torá, no hacemos más que referirnos, en un sentido estricto, al estudio de los textos sagrados, pero en un sentido más abarcativo estaríamos refiriéndonos al aprendizaje en general, como una actitud constante de búsqueda de conocimiento. Se trata del desarrollo intelectual, de la ampliación de los horizontes, de la profundización del pensamiento y la reflexión.

La segunda columna es la del culto –en hebreo, avodá–, cuya mejor traducción sería “servicio”. ¿Y qué servicio?, preguntan nuestras fuentes, y se contestan: el servicio del corazón.

Estamos aquí en el plano de lo sensitivo, del desarrollo espiritual, del aumento de la conciencia. De lo que se trata es de conectarse con aquello que nos trasciende, con la presencia de lo inefable, del misterio, del asombro, la presencia de lo divino.

La tríada se completa con los actos de benevolencia, donde el eje inexorablemente ya se desprende de lo individual, para horizontalizarse y permitir la inclusión necesaria de un otro, de un prójimo que dé sentido a los dos ejes anteriores.

Estamos ante lo que podríamos denominar “desarrollo social”; nos hallamos en pleno ámbito de la ética en su sentido más concreto y práctico. El hacer es lo que convoca. En resumen, el pensar, el sentir y el hacer se complementan, en un equilibrio ideal, cuando cada uno de estos pilares es llevado a cabo en armonía con sus vecinos.

El mismo Maimónides señalaba que habría que invertir un tercio de nuestros esfuerzos en cada una de estas áreas para tener un desarrollo pleno del ser humano, entendido desde la tradición judía.

El cerebro, el corazón y la mano dispuestos a entrelazarse para lanzarse a la aventura cotidiana. Tal el desafío, a fin de que no nos perdamos en una existencia esquizofrénica, en la que no hacemos con la mano lo que sentimos con el corazón ni lo que creemos con la cabeza.

Hace unos pocos miles de años, el pueblo hebreo inventó un GPS especial para encontrar estas coordenadas de manera diaria. Se denomina “tefilín” y son dos pequeñas cajitas que en su interior contienen párrafos bíblicos y que en casi todo amanecer se atan con unas tiras de cuero alrededor de la cabeza, del brazo y la mano, y una de ellas se anuda en dirección al corazón. No garantizan que uno se encuentre. Pero al menos nos dan una pista bastante clara de por dónde hay que conducirse.

Fuente: La Voz del Interior (Córdoba, Argentina)

lunes, 4 de julio de 2011

PARA APRENDER: Mediación y Diálogo - Jordi Palou Loverdos

Jordi Palou-Loverdos explicó los inicios del trabajo de mediación y diálogo en la zona de los Grandes Lagos africanos, tarea que calificó como “con mucha resonancia con la Carta de la Paz dirigida a la ONU”. Allí expresó que uno de los aspectos a tener en cuenta en el trabajo de mediación es el concepto de verdad (aletheia), es decir, generar sinergias para descubrir aquello que está oculto, sea de manera intencional o no. En este punto se encuentran muchas víctimas congolesas, ruandesas e incluso algunas españolas. Pero también –dijo-“hay muchas y diferentes víctimas que no son reconocidas como tal en el relato oficial del conflicto, que se centra exclusivamente en las víctimas de una etnia (tutsi) en el genocidio, obviando las víctimas de otras etnias y de otras nacionalidades de antes, durante y después del genocidio de 1994”.

Pero luego –continuó- está la iniciativa de los propios ruandeses para facilitar un diálogo entre ellos, el que denominan “Diálogo IntraRwandés”. Un diálogo que aspira a ser a nivel nacional y altamente inclusivo, con el fin de que los involucre a todos. Y en esa etapa del proceso se encuentran actualmente, después de haber recibido esta iniciativa internacional el apoyo unánime del Parlamento español.

Comentó también que al principio se preguntaban a sí mismos si estaban capacitados para llevar adelante esta ingente tarea. “El diálogo entre etnias empezó de forma muy discreta y muy sencilla en el año 2004 a partir de la iniciativa de dos personas que nos lo propusieron, una persona de etnia hutu y una persona de etnia tutsi. La idea inicial era encontrarse ellos dos para hablar, y cuando lo lograron y estuvieron de acuerdo propusieron ampliar la iniciativa a más personas, incluso invitando a otra etnia minoritaria como los twa (pigmeos)”. Después de siete años de proceso y once ediciones del diálogo en el que han participado cientos de rwandeses y congoleños, incluyendo dos exPresidentes de Rwanda, varios exministros, exembajadores, varios militares de diferentes fuerzas contendientes, líderes políticos de diversas organizaciones políticas, líderes de la sociedad civil (hombres y mujeres, tanto adultos como jóvenes), economistas, religiosos, periodistas y demás actores, después de haber creado una radio centrada en el contenido de este proceso de diálogo y que se escucha en Rwanda (y por la diáspora ruandesa) reconocen que su mayor reto es incorporar en el proceso de diálogo a los ruandeses del interior (incluido el actual gobierno).

Jordi Palou-Loverdos destaca que “hasta hoy han hecho un impresionante trabajo de unificar visiones sobre las raíces de la tragedia en el pasado –independientemente del régimen que ha gobernado el país- y en los últimos años se han centrado en consensuar propuestas intercomunitarias y estructurales que eviten la repetición de la violencia y permitan convivir a las generaciones futuras”. En este sentido, han decidido valientemente hacer públicas sus conclusiones orientadas a otorgarse mutuamente garantías políticas, democráticas, de seguridad y de respeto de los derechos fundamentales de conformidad con los principios de un estado de Derecho

“Siempre intentamos que sean ellos los que se gestionen las situaciones, pero también estamos allí, atentos, en los avances y retrocesos, facilitando el diálogo y moderando o aclarando lo que corresponda con su complicidad. Este es SU proceso de diálogo, al que sólo tenemos el honor de acompañar”, -concluyó.

Fuente: Carta de la Paz dirigida a la ONU

El perdón según Panikkar

¡Qué lo disfruten!
http://youtu.be/V4wtlWjAnpI