jueves, 20 de septiembre de 2012

La Misión de las manos - Mamerto Menapace


En este momento de salida del invierno latinoamericano es fundamental el compromiso de siembra. 
Lo que ahora se siembra, se hunde, se entrega, eso será lo que verdeará en la primavera que viene. Si 
comprometemos nuestras manos con el odio, el miedo, la violencia vengadora, el incendio de los pajonales sólo tendrá cenizas para alimentarse…
Tenemos que comprometer n
uestras manos en la siembra. Crear pequeños tablones sembrados con cariño, con
verdad, con desinterés, jugándonos limpiamente por la luz en la penumbra del amanecer.
Trabajo simple y que no será noticia, porque la única noticia auténtica de la siembra la da sólo la tierra y la historia y se llama cosecha. En la mesa se llama pan.
Si en cada tablón de nuestro pueblo cuatro hombres o mujeres se comprometen en esa siembra, para cuando
amanezca, tendremos pan para todos.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El río de las luces, por ALBERTO SALCEDO RAMOS


Esa noche los habitantes del barrio Las Riberas del Jui, perteneciente al pueblo de Tierralta, en Córdoba, acudieron al río Sinú para honrar mediante un acto simbólico a los mártires de la violencia. El punto de encuentro era un sitio conocido como “El Banquito”, donde en el pasado reciente los escuadrones paramilitares conducían a sus víctimas antes de asesinarlas.
Desde cuando se asentaron en Tierralta como desplazados, los pobladores de Las Riberas del Jui no habían ido a ese barranco contiguo al río. Lo eludían porque lo consideraban asociado a la infamia y al dolor. Pero aquella noche de octubre de 2010, gracias a los consejos que recibieron durante sus acompañamientos sicosociales, decidieron cambiar el enfoque: el río Sinú estuvo ahí desde siempre y no fue aliado sino víctima de los verdugos. Ciertamente, en el periodo más crítico del conflicto armado los distintos grupos al margen de la ley lo utilizaron como vertedero de cadáveres. Pero no hay que olvidar que para los indígenas zenúes este dios tutelar nunca fue un emblema de muerte sino de vida: propicia la armonía entre los hombres y el Universo, irriga las praderas. De modo que la jornada alegórica pretendía desagraviar al río y rendirle tributo a la memoria de los difuntos.
Todos los asistentes a la cita tenían una historia triste que contar. Olga Lucía, por ejemplo, se había venido huyendo del caserío de Baltazar, donde las balas criminales asesinaban diariamente a varios de sus paisanos. Omar fue desplazado de Saiza por los paramilitares y de Batata por los guerrilleros. Arrancados en forma brutal de sus terruños, arruinados de la noche a la mañana, convertidos en parias por la irracionalidad de los grupos armados, finalmente encontraron un lugar donde establecerse. Al principio se situaron en el parque principal de Tierralta, dentro de cobertizos improvisados con plásticos. Comían gracias a la caridad pública, dormían sobre cartones.
Después de muchas penurias fueron reubicados en un lote baldío de las afueras del pueblo, a orillas de la Quebrada del Jui. Allí construyeron sus viviendas con materiales de poco valor: retazos de madera, saldos de palma, restos de alambre. En este lugar se encuentran a salvo de los bárbaros que en el pasado los acosaron, pero no de los estragos de las lluvias: en los once años que llevan asentados en el barrio han padecido muchas inundaciones.
Aquella noche de octubre cada aldeano llevó a la cita una pequeña canoa de madera. Cuando todos estuvieron reunidos en “El Banquito”, se celebró una eucaristía. Algunas víctimas fueron recordadas con sus nombres propios. El oficiante de la ceremonia religiosa dijo que el perdón no se otorga por cortesía sino como resultado de un paciente proceso espiritual. Hubo cánticos, ronda de testimonios. Los pobladores colocaron en cada canoa una vela encendida, una flor y una fotografía del ser querido inmolado en la guerra. A continuación lanzaron las embarcaciones al agua. Y permanecieron un rato más en el barranco, viendo cómo el río negro de sus pesadillas, transformado por la compasión en un torrente luminoso, recuperaba de golpe su pureza original.

Fuente: El puercoespín


jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Dónde nace el perdón? – Jairo del Agua – 12 / 09 / 2012



La pregunta surgió ayer en un coloquio. Me pareció tan interesante que bien merece unas reflexiones.
Hay quienes no tienen dudas: "yo ni olvido ni perdono"-dicen- sin importarles que la televisión les esté delatando. Estas personas sufren un doble daño: el que les han causado y el que ellas mismas se causan cultivando un odio mordedor.
A quien, consciente o inconscientemente, se empecina e intenta liberarse por la venganza, poco se le puede decir. El propio odio le hunde y le encarcela. Porque conlleva la carcoma de la falta de paz, porque es contrario a la "vida positiva" que fluye en la hondonada humana. El odio es desear el mal del otro. El odio es muerte y genera muerte.
Hay quienes matizan: "yo perdono pero no olvido". Algunos lo dicen porque perdonar está bien visto y les parece de mala educación decir lo contrario. El "no olvido" significa muchas veces: "antes o después me las pagarás; mantendré la espada en alto hasta que se me presente la ocasión de devolver mal por mal". No han perdonado más que de boquilla, siguen deseando el mal a largo plazo, "la venganza se sirve fría".
Otros, sin embargo, perdonan sinceramente y el "no olvido" significa que toman nota de por dónde puede venirles el daño, para tratar de evitarlo en el futuro. Esta postura es legítima y prudente. Perdonar no significa morrearse con el agresor.
La mayoría de nosotros -cristianos confesos- no hemos sufrido daños de noticiario y tenemos verdadero interés en perdonar las pequeñas o grandes afrentas de nuestra historia. Tenemos una idea, un deseo, un propósito, fruto de nuestro yo cerebral que se adhiere a los principios cristianos. Ya es algo.
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Pero perdonar no es lo mismo que querer perdonar. Uno puede querer perdonar y comprobar cómo le ahoga el impulso de hacer daño a quien con daño le hirió. Eso sí, sin que se vea, sin que nadie lo note, sin que sufra mi imagen de civilizado y ecuánime.
Por mucho que yo estruje mis ideas o mis principios,si no desciendo al nivel del ser (a lo hondo de mí mismo), no brotará el perdón. Si además "quiero"(solo desde la voluntad) cumplir con la máxima de"amar a los enemigos", entonces la situación cobra tintes dramáticos; la tensión y la culpabilidad pueden instalarse en la "conciencia cerebral" y hacerme caer en la desesperanza ante lo imposible.
Y es que el Evangelio -en contra de lo que muchas veces oímos o pensamos- no es un conjunto de normas, consejos o palabras buenas. El Evangelio es ante todo vida (1) y sólo puede integrarse desde donde nace la vida: desde el ser, desde ese fondo positivo y profundo donde residen los dones que constituyen mi identidad.
No basta saber, ni tampoco querer. El nivel cerebral es sólo el foco que nos permite adentrarnos en las profundidades, es el observador de las sensaciones que emite nuestro ser, ese diamante jaquelado que refleja nuestro parecido con Dios, ese "fondo preciosísimo"o "tu mejor tú" que diría Pedro Salinas (2). Ese "tesoro" -del que habla el Evangelio- que tanto nos han ocultado nuestros clérigos bizcos con su parcial visión de pecados e infiernos.
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Perdonar es conseguir que la aspiración a hacer el bien nos inunde. Esa aspiración, asumida conscientemente por toda mi persona, disipa la venganza, diluye el deseo de castigar, incluso el deseo de justicia como desquite o revancha legal.
¡Cuántas veces llamamos justicia a la venganza! Y hasta le pedimos a Dios que sea el ejecutor (doctrina judía del AT). Otras veces gritamos justicia, pero en realidad lo que pedimos es legítima protección y seguridad. Conviene analizarse con sinceridad para saber lo que vivimos. La frontera entre el bien y el mal es, a veces, sumamente delgada.
¿Yo, desde el fondo de mí, deseo el bien para quien me ha causado un mal de cualquier tipo o calibre? Si -a pesar de todo mi dolor- puedo contestarme afirmativamente, es que he perdonado. Es que no me he dejado encerrar en la cárcel de la venganza, en la prisión del odio, en la pulsión animal del instinto de revancha. ¡Soy libre! Estoy "venciendo el mal con abundancia de bien" (Rom 12,21), ese bien que mana siempre en mi interior, porque estoy hecho a semejanza del Bien infinito.
La dificultad está en que ese bien, residente en mis entrañas, no está suficientemente visitado, profundizado y canalizado para inundar los males con los que mi historia tropieza.Aspirar al bien, cultivar el bien, practicar el bien, dejar que inunde lo propio y lo ajeno. ¡Eso es perdonar!
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Otra cosa es que la sensibilidad sienta aversión, antipatía, asco, rechazo, crispación, etc. En gran medida, esas sensaciones son la reacción lógica contra el mal en sí y no contra el malvado ("odiar el pecado y amar al pecador", decían los maestros espirituales). Nadie puede querer que le claven un puñal por la espalda, le engañen, le amedrenten o le miren mal. Menos aún que le maten un ser querido.
Conviene saber, además, que hay personas que nos despiertan aversión o miedo por su físico, su tono de voz, su carácter, su estilo u otras circunstancias. Normalmente será porque esas características o circunstancias tienen algún parecido con algo o alguien que nos causó daño en el pasado; muchísimas veces ni lo recordamos.
Algunas personas, con finura humana y delicadeza de conciencia, se inquietan porque creen que no consiguen perdonar y que el rencor es la fuente de esas sensaciones negativas. No siempre es así.
El perdón, como el amor, nace del ser y no debemos confundirlo con lo que fluye a nivel sensible. A medida que crece una persona, las aspiraciones positivas inundarán mayor parte de su sensibilidad y las sensaciones negativas serán menos numerosas, menos intensas y menos duraderas. Pero siempre habrá una parte subconsciente imposible de evitar. De ahí la necesidad de estar bien anclados en el ser, en nuestra raíz, en nuestro "fondo preciosísimo" para que las ventoleras de la sensibilidad no nos lleven a la deriva.
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Finalmente, será útil observar que en nuestro caminar coincidimos con personas, libros, blogs, música, naturaleza, ambientes, que nos vitalizan, que despiertan lo mejor de nosotros mismos, que nos motivan a seguir nuestro camino de maduración y liberación personal. Son relaciones vitalizantes porque estimulan nuestra vida profunda y nuestra vocación.
Hay otras, por el contrario, que entorpecen nuestro crecimiento, que nos apartan de nuestra misión. Sonrelaciones nefastas porque perjudican nuestro desarrollo personal. Me viene al pronto la relación de muchos con la telebasura y los éxtasis de moda. Es normal que las personas vitalizantes despierten nuestra adhesión, nuestra simpatía y nuestro amor.
Es normal igualmente que por las personas desvitalizantes sintamos rechazo o antipatía, lo que no significa odio ni ausencia de perdón. Paradójicamente hay relaciones nefastas que suscitan una poderosa atracción superficial. Es el caso, por ejemplo, de "los amiguetes", "los ligues" u otras relaciones epidérmicas.
Es de sabios potenciar las relaciones vitalizantes y apartarse de las relaciones nefastas. Perdonar y amar a todos, sí. A todos desear el bien y, si es posible, hacérselo. Pero privilegiar la relación con los "ambientes humanos y materiales" que nos iluminan, nos motivan y nos ayudan a caminar. En ello nos va la vida, la auténtica vida. Donde mana la vida profunda fluye el perdón.
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(1) Jn 1,4 y 3,36 y 5,24; Jn 5,40 y 6,35 - 63 - 68; Jn 10,10 y 11,25 y 14,6 y 17,2 y 20,31.
(2) La voz a ti debida, v. 1449.
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lunes, 10 de septiembre de 2012

COLOMBIA: PERDÓN SOCIAL


Javier Zapata llama a aprovechar este 'momento histórico'. Invita al perdón social.

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Javier Zapata Ortiz, le anuncia al país en la siguiente entrevista que la "justicia no será jamás un obstáculo para la paz"
Al expresar total apoyo a las gestiones de paz emprendidas por el presidente Santos y las Farc, dice sin ambages que "la paz está por encima de todo"
Zapata proclama que tiene que haber "perdón social" y reclama un gran impulso a la reconciliación. Advierte que "Si no hay perdón, no habrá paz" y explica que se debe recurrir a la imaginación para utilizar instrumentos que le dan fuerza legal al perdón.
"Es digno de celebrar que el Presidente de la República haya visto la luz al final del túnel, pensando en el desarrollo social y económico del país, pero sobre todo en la reconciliación de los colombianos. No hay otro camino. La historia nos ha demostrado que en el enfrentamiento armado no hay vencedores ni vencidos".
¿Y si así lo fuera?
La violencia todo lo deslegitima. Por eso, la Corte Suprema de Justicia hace un llamado para que aprovechemos este momento histórico, apoyemos y ayudemos a construir la paz.
El Presidente ha dicho, en referencia al proceso de paz, que enfrentará dificultades. ¿Cree usted que la aplicación de la justicia podría ser un obstáculo para el proceso?
Estamos en un Estado de derecho constitucional que siempre deberá prevalecer, porque es la garantía de la paz mermada que tenemos. Ahora contamos con la ventaja de experiencias de otros países que han superado la confrontación, con balances entre la justicia y la paz. En todo caso, la paz es producto de múltiples factores, entre ellos el de la justicia.
¿Y ya en el campo de la justicia internacional?
La justicia internacional opera sobre la base del principio medular de la complementariedad, respetando la autonomía de los pueblos. Es decir, permite que los Estados resuelvan sus problemas internamente; eso sí, respetando estándares mínimos. Cuando se vislumbra una verdadera opción de paz, como la que tenemos ahora, los organismos internacionales deben entrar también a apoyar estas iniciativas. Lo hemos visto en las manifestaciones de los últimos días. La comunidad internacional entiende que la búsqueda de la paz es compleja y requiere sentarse a negociar con el "enemigo" y que demanda actos de grandeza de las partes.
¿No son válidos los temores de que la justicia sea un obstáculo para el proceso?
La justicia no va a ser jamás un obstáculo para la paz. Precisamente, es el camino de la justicia el que hay que recorrer para llegar a la paz. La paz está por encima de todo. La justicia está presta para jugar un papel de puente que brinde soluciones a las decisiones políticas que involucra la negociación.
Si es así, ¿qué pasaría con todos los procesos penales por muertes, desapariciones, secuestros, terrorismo, etc.?
No podemos tapar el sol con las manos: ha habido masacres, miles de muertes de inocentes, y eso deberá examinarse, pero no como algo insuperable. Para eso existe la llamada justicia transicional, que es una novísima técnica de ingeniería social que no solo concibe la justicia con carácter retributivo -procesos penales nacionales e internacionales-, sino que también contempla la justicia con carácter restaurativo -comisiones de investigación, de la verdad, fondos de reparación-, pero también la justicia transicional tiene un carácter institucional -reformas de toda índole y la consolidación del Estado de derecho-.
Es decir, a la concepción tradicional del derecho penal como castigo le surgen alternativas para restañar heridas y atender el clamor de justicia. De una manera u otra, sin impunidad, se supera, por vías alternativas, el problema de justicia.
¿Qué vías alternativas?
Las que están esbozadas en el marco jurídico que aprobó hace poco el Congreso, para dar un tratamiento diferenciado a los grupos al margen de la ley que estén en el conflicto. Entre ellas, suspensión o modalidades especiales de cumplimiento de las penas, renuncia condicionada a la persecución judicial y aplicación de sanciones extrajudiciales. En últimas, garantía de verdad, justicia y reparación, con la implementación de esos mecanismos y otros como la Comisión de la Verdad, que la Corte ha venido proponiendo hace varios años. Voy más de fondo: se tiene que plantear el perdón social.
¿Qué quiere usted decir?
Impulsar la reconciliación del afectado con la persona que le hizo daño. Ni víctimas ni victimarios pueden vivir en la zozobra de la eterna guerra. No hay otra fórmula que el perdón. Hay que hacer la catarsis para liberar el odio.
¿Habla solo del perdón de la sociedad o también de la justicia?
Aquí hablo del perdón existencial. Como juez, he visto victimarios arrepentidos en el proceso de justicia y paz y víctimas que, ante un gesto sincero, perdonan. Desde el punto de vista jurídico, en los próximos meses debemos emplear toda la creatividad y el conocimiento para desarrollar la reglamentación del marco legal para la paz, con instrumentos de justicia transicional que conecten y equilibren los deberes del Estado de investigar y sancionar con la expresa voluntad de la guerrilla de reincorporarse a la vida civil.
¿Es partidario de una amnistía?
La ley la hace el hombre. Los obstáculos jurídicos, como la proscripción de amnistías e indultos, se superan con instrumentos adecuados como los que le mencionaba y la firme voluntad de los alzados en armas de someterse a ellos.
El marco para la paz prohíbe la amnistía y el indulto, pero tendrá que haber una ley reglamentaria para aplicar lo que llama "mecanismos alternativos de justicia". ¿Cuáles serían esos mecanismos?
Ese marco contempla también la priorización, la selectividad para saber qué personas de la organización, en orden de jerarquía dentro de la guerrilla, entrarían a responder y en qué forma lo harían. Ya lo dijo el Presidente de la República: habrá que recurrir a imaginación e innovación.
El fiscal Montealegre dijo que prefería ver a 'Timochenko' en el Congreso y no en el monte matando o secuestrando. ¿Usted tiene la misma teoría?
La Constitución consagra como derecho político de todos los colombianos la participación en la dirección del Estado. Y habrá que ver qué aporte hacen los guerrilleros a la paz. Eso sí es materia de delicada negociación.
¿En la mesa se debe tratar el tema de las penas y los derechos de las Farc?
Sí. Allí es donde juega papel importante la justicia transicional y las penas alternativas.
¿El perdón social que pide debe quedar establecido en la ley?
Obvio. Es lo más difícil. Perdonar es más difícil que olvidar. Ese es un obstáculo salvable. Todas las religiones lo tienen consagrado. Cuando a un padre de familia el hijo se le lleva una joya de la casa, todos se reúnen y tratan de que nadie se dé cuenta; pero si es un extraño, hay alboroto y denuncia. Vea el tratamiento diferente para el mismo fenómeno. En este sentido es que yo hablo. En el perdón no hay impunidad.
¿Una de las dificultades que usted ve es la de que la sociedad acepte perdonar?
Sobre ese tema debe hacerse un debate público. Todos tenemos que escucharnos y ponernos de acuerdo.
En resumen, ¿para usted, alcanzar la paz depende básicamente de qué?
La paz es una resultante de factores sociales, políticos, económicos y culturales. Hay que reconocer que somos uno los países más desiguales de América Latina. Es preciso que el proceso trace políticas ambiciosas en esto, para que fluya sin dificultad el retorno de los guerrilleros a la vida civil y sea un real reencuentro de compatriotas.
Es decir, ¿atender las causas primarias que originaron la guerrilla?
Sí, según el perfil que tengan. Algunos querrán estudiar; otros, trabajar. Es decir que la sociedad les facilite la vida. Hay que darles tierra. El Estado tiene tierra. Hasta hay baldíos muy fértiles para crearles infraestructura adyacente.
Tema final sobre la paz: ¿a qué figura legal podría recurrir el acuerdo, si se logra, para que se institucionalice el perdón?
Aunque suene retórico, la profundización de la democracia demandará muchas figuras legales que consoliden la reconciliación, sobre todo en la esfera política, social y económica. Es indiscutible el alto costo que vamos a pagar por alcanzar la paz, pero es ineludible. El punto de partida y de llegada debe ser la visibilidad y la reivindicación de las víctimas, en todos los ámbitos y sentidos. La verdad sobre lo ocurrido durante este medio siglo de violencia es fundamental, para ellas y para que la historia registre con claridad la triste enseñanza del legado de guerra.
Si no es legalmente posible una amnistía, ¿qué forma legal podría reemplazarla?
La justicia transicional contiene todos los instrumentos que incluso podemos aplicar los jueces ordinarios.
¿Usted cree que el espíritu de la amnistía es indispensable para llegar a la paz? ¿Cómo podría adoptarse?
Como dije, la paz tendrá costos que quizá aún no vislumbramos y que, en el instante preciso, el país tendrá que discutir.
¿Y si se repite lo de los 'paras'?
'Se debe priorizar la persecución Penal'
Colombia acaba de tener la experiencia de la paz con los paramilitares; no hubo amnistía ni indulto, pero sí hubo perdón...
Pero parcial, y en eso estamos todavía.
Sí, pero sigue vigente una situación confusa: hay 14.000 hombres en el limbo judicial. ¿No se repetiría ahora con la guerrilla?
De lo que se trata es de corregir errores anteriores. Se debe priorizar, volver selectiva la persecución penal. Una es la línea de mando de más jerarquía y otra, los combatientes rasos. Hay mecanismos, incluso jurídico- penales, por aplicar, como la obediencia forzada, el estado de necesidad o la coacción. No hay duda de que un guerrillero de mínimo rango está sometido no solamente a la fuerza de la violencia de los comandantes, sino a la muerte, porque si desobedece, su vida va a peligrar. Habría que buscar, si es que se va a estudiar ese punto, las líneas de mando, es decir, lo que en el derecho penal se conoce como el "hombre de atrás", el que ordena, diseña y planea la guerra.
Narcotráfico
Un escollo difícil del proceso
¿Qué otros obstáculos cree usted que enfrentará el proceso con las Farc?
Hay que destacar la inclusión del problema del narcotráfico en el acuerdo para la terminación del conflicto que suscribieron el 26 de agosto el Gobierno nacional y las Farc. Ese es un obstáculo que afortunadamente previeron las partes, por todas las dificultades que entraña. La superación de rencores es clave, para evitar la generación de inconvenientes de diversos tipos. Basta recordar la advertencia de Gandhi de que ojo por ojo, diente por diente, la humanidad quedará ciega y desdentada.
YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

sábado, 8 de septiembre de 2012

MARCOS 7, 31-37 - DIEGO FARES sj


NO SE LO PIERDAN: 

¡Es hermosísimo el pasaje de Marcos: la curación del sordo balbuciente!
Y brilla más toda la liturgia del Effeta que celebra Jesús (y que repetimos con los dos pequeños gestos de tocar con el dedo la orejita y la lengua de los bebés que se bautizan diciendo: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te permi-ta muy pronto, 
escuchar la Palabra y profesar la fe para gloria y alabanza de Dios Padre), si caemos en la cuenta de que ese sordo balbuciente es imagen del hombre –de cada persona- en el mundo actual.
Me imagino como si yo mismo en primer lugar y cada uno de nosotros, inmersos en las discusiones de sordos de la sociedad moderna, fuera siendo tomado aparte por Jesús, lejos de las multitudes, y el Señor metiera sus dedos en mis orejas y me agarrara firmemente la lengua y la tocara con su saliva y luego suspirando y levantando sus ojos al Padre me dijera “Abrite” y al instante se me abriera el oído para escuchar su Palabra y encontrara el lenguaje que andan necesitando mis hermanos y que muchas veces me desespera no encontrar. Es que el amor a la Palabra de Jesús y la convicción de que el evangelio tiene las palabras que pueden saciar la sed de todos están en mi corazón siempre en lucha, porque uno dice “no puede ser que teniendo una Palabra así –tan fuente de Agua Viva que salta hasta la vida eterna- no le llegue a tantos que se tragan otras palabras muertas y vacías. No puede ser que se impongan a la sociedad discursos que tienen apariencia de ser light y abiertos para todos y que en realidad esconden una violencia inusitada y envenenan y destruyen.
Cuando uno gusta la Palabra de verdad que sólo Jesús pronuncia, el lenguaje de medias mentiras resulta más violento que la violencia física. La violencia física puede matar el cuerpo y no te hace nada más. La violencia del lenguaje, la mentira, violentan la intimidad de nuestros pensamientos y nos hacen dañarnos a nosotros mismos, no sabiendo a veces cómo defendernos de criterios que se nos imponen con sus falacias y nos fuerzan a destruir con nuestras propias palabras estructuras de pensamiento que hasta hoy nos ayudaban a hacer el bien y en su reemplazo no nos dan nada, nos dejan en la calle. Bajo apariencia de libertad y mediante críticas sutiles a cosas que puede ser que estén revestidas con ropa fuera de moda, pero que nos mantenían en contacto con realidades buenas y verdaderas, hay discursos que nos llevan a dejar cosas santas como la reconciliación, la eucaristía, la limosna, la oración, por no hablar del valor de la familia, del no robar de ninguna manera, de respetar a las autoridades, de ser fieles a la verdad…

Por eso la necesidad imperiosa de apropiarnos, cada uno como pueda, de este “sacramento de la apertura” que instaura Jesús con sus manos, sus ojos, su suspiro y hasta su saliva.
Si la Eucaristía la instituyó partiendo el pan con las manos y si la confirmación soplando el Espíritu sobre los apóstoles, aquí vemos que están presentes todos los gestos juntos, como diciendo a nuestros oídos sordos: miren que para abrir el corazón tienen que recibir mi imposición de manos, mi suspiro y mi saliva. Miren que es necesaria la Trinidad Santísima obrando en simultáneo para abrir la mente y el corazón de un hombre.

Tanto trabajo que se tomó el Señor no puede pasar desapercibido. No fue una cura-ción de palabra ni con un solo gesto sino que desplegó todo un rito.

Podríamos sacar de aquí la primera lección que nos haga sentir algo así: si para comulgar hay que celebrar la Eucaristía, para escuchar y predicar la Palabra hay que celebrar el Effetá, la apertura. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo instituir este sacramento (signo eficaz de la gracia)?

Lo primero que se me ocurre es que, al menos en mi vida, la apertura tiene que ver con esto de dedicarle la mañana de los sábados a la contemplación y de invitar a otros a hacer lo propio.
Se trata de darle un tiempo específico a la Palabra, de tratar de escuchar lo que dice el Evangelio de cada domingo, sin muchos agregados. Simplemente eligiendo la palabra que más me gusta y comenzando a charlar con el Señor desde mi situación de la semana, desde lo que me pasó y desde el pulso que le siento a la vida.

Me gusta pensar que esta gracia (a la que le abrí el oído en el 2001) tiene un presu-puesto: si no me considerara un sordo balbuciente no me presentaría ante el Señor cada semana para que me impusiera las manos y me abriera el oído y me permitiera soltar un poco la lengua.
Esto de “estar sordo” (o ensordecido), este convencimiento de que “si no obro mejor es porque no estoy escuchando bien a Jesús, es una gracia impresionante. La verdad es que es tan grande que no produce ni asomo de pudor compartirla. Por un lado porque es paradójico vivir como una gracia lo que es un defecto: que a uno Jesús le tenga que gritar “abrite” para que oiga. Y por otro lado porque lo decisivo viene después y consiste en si uno es fiel a lo que escucha (quizás por eso a veces uno se hace el sordo y como que no quiere escuchar).
Pero más fuerte que esto que dije es la reflexión de que la necesidad de una apertura especial de Jesús tiene como causa la magnitud de la Palabra misma. No es tanto que uno sea sordo sino que la Palabra es tan plena y la voz del Pastor tan hermosa que no hay apertura humana que la registre sino que se requiere una Apertura especial.
Lo que quiero decir es que por más oído absoluto que uno tenga, la música del Espíritu requiere unos audífonos especiales que pasan por los dedos de Jesús en nuestra oreja.
Así, ya en las puertas del año de la fe esta palabra “Abrite” es el preámbulo justo y necesario para inciarnos en este camino que nos propone el Papa Benedicto, cuya pasión por la Verdad es de todos conocida. Y este pasaje de Marcos puede ser la gran parábola para introducirnos al año de la fe: la liturgia, decía, que el Señor celebra para abrirle los oídos a este sordo y soltarle la lengua.
Sentirse sordo de esta Palabra tan especial (por haber sido en muchas ocasiones una de esas ovejas que escucharon su Voz y anhelarla tanto que todo lo demás es mudez) es la primera actitud a cultivar y la que lleva al primer rito: el de confrontarse con el Evangelio cada semana y dedicarle un tiempo de escucha atenta: de lectio, de meditación y de contemplación.

Otra manera de apropiarnos de esta liturgia puede consistir en imaginar cómo están presentes los gestos de Jesús en nuestra vida actual.

Abrirse
- Tengo una pesadilla espantosa Dr.
- Cuénteme amigo.
- Sueño que tengo una puerta delante con un cartel y empujo y empujo y no puedo abrirla y todas las mañanas me despierto agotado.
- Y qué dice el cartel?
- Tire.
El chiste puede servir para tratar de identificar dónde Jesús me está diciendo “abrite” y yo siento que no puedo. Quizás es que en vez de empujar tengo que abrir para aden-tro. O lo que es lo mismo, escuchar en vez de sentenciar, acoger al otro en vez de tratar que haga lo que yo le digo.
Muchas cerrazones vienen de hacer mal la fuerza: lo que se quiere abrir se cierra más.
Preguntar qué sentís en vez de responder rápido a lo que creí entender. Dejarte tiempo para que digas varias veces todo lo que te pasa antes de decirte lo mío…

Suspiritos
Cuando los chicos se confiesan, el suspirito es la señal de que ya está. Y cuando uno lo imita, se les suelta la sonrisa y es señal de que ya sintieron el perdón. El suspiro es una señal del Espíritu.

El maestro Fiorito tenía la gracia del bostezo. Te escuchaba atentamente sin decir na-da y de golpe se pegaba un bostezo maleducado que para el que conocía la clave era como la señal de que habías descargado lo que tenías que decir y de alguna manera misteriosa el Espíritu lo había resuelto. La charla terminaba con algún material para leer, pero afectivamente la señal del Espíritu había estado en el bostezo.

Hay abrazos paternos y maternales que provocan el suspiro de los hijos y uno siente que todo está bien.
Estar con el Evangelio “hasta que suspire” es otra clave. Una manera de expresar lo del “sentir y gustar” de San Ignacio. Cuando alguna palabra “suspira”, es señal de que la asimilamos: allí quedarse.

Del dedo en la oreja, el agarrar la lengua, la saliva y los ojos al cielo, no se me ocurre nada por ahora pero quedan picando. Ante quien te tapás los oídos, quién te cierra la boca, quien sentís que te escupe el asado y cuando aparece quién levantás los ojos al cielo… Por ahí, bajo forma contraria, cada uno puede meditar si al hacerlo con el prójimo no se lo estará haciendo a Jesús, y prueba, en vez de empujar, tirar, a ver si se abre.

Cerrar filas (Un pequeño excurso)

En el Hogar estamos atentos a los cambios de lenguaje en la gente que atendemos. De golpe aparecen planteos y reclamos de una justicia que en el momento nos desconciertan…
El Jueves mientras se hacía la invitación al cine debate por los comedores una persona le reclamó a la coordinadora con muy malos modos diciendo algo así como:“y para qué hacen cine si queda gente afuera”. Cuando se le trató de explicar que no discriminábamos a nadie sino que como el espacio era limitado íbamos invitando hasta donde podíamos y dábamos prioridad a los que se habían quedado a otros debates…. , esta persona redobló su mal modo y siguió cuestionando: decía que a él no le importaba el cine pero que lo decía por los compañeros. Y hasta llegó a decir que la persona que le explicaba las cosas (con razones que para él se ve que como lo confrontaban las vivía como enojo) era el demonio el que la enojaba! Es muy significativo el hecho y sintomático de algo que se está desplegando potentemente en nuestra sociedad: demonizar al otro, gritar, no escuchar, enfrentar…
Hemos identificado que hay un nuevo discurso (en lo que hace a nuestro trabajo) que bajo el pretexto de defender los derechos de las personas en situación de calle avanza contra otros derechos, como el de hacer el bien a los que uno puede sin por eso estar obligados, como institución privada, a ayudar a todos. De golpe uno nota un lenguaje duro y nota a la vez que la persona que lo utiliza se muestra sorda a cualquier diálogo. Y hay que estar atentos y charlar mucho sobre cómo responder porque detrás de estos reclamos hay una ideología que busca ponernos en la vereda de enfrente de los pobres. Es la lógica del enemigo, que está de moda, y que provoca la tentación de confrontar. El reclamo de esta persona ante la invitación al cine-debate era responder allí: “y bueno, si no les gusta cómo hacemos las cosas, suspendemos el cine”. La tentación contraria al abrite es la de cerrar filas.
En medio de una discusión grupal puede que la cosa quede así planteada, entre posturas extremas antagónicas. Sin embargo, no todo es antagonismo en la sociedad. Después que pasó este primer turno de invitaciones y me contaron lo que había pasado, salí a la calle a ver cuántos se habían quedado a esperar por el cine y me conmovió ver la carita de tres o cuatro que estaban esperando en fila (el joven que nos había maltratado se había ido). Sentí que hay mucha gente que no habla, que no reclama, pero que con su presencia apoya las cosas que se hacen bien. Y que por ellos hay que trabajar. Y que vale la pena encontrar ese lenguaje común que exprese esta adhesión silenciosa de la mayoría al bien.
Hay más gente de la que uno cree que ha sido curada de su sordera y que habla correctamente. Sólo hay que darles espacio para que se expresen y lugares de participación.