martes, 31 de julio de 2012

La verdad sin bondad es violencia - Pbro. Lic. Alberto Agustín Bustamante


En una nueva editorial para la Revista del Consudec, el Padre Alberto Bustamante, Presidente del CONSUDEC, se refiere al valor que entraña la verdad cuando está acompañada de la bondad.

Queriendo plantear, para esta editorial, la necesidad de poner en diálogo el llamado a la nueva evangelización, el ya cercano comienzo del año de la fe y la imperiosa necesidad de recrear a nuestra Patria desde los valores cristianos que le dieron origen, se me hizo presente una sabia enseñanza que de manera ocasional y providencial , me dejara Mons. Carmelo Giaquinta pocos días antes de su Pascua, de su fallecimiento: "Padre", me dijo, "en la primera parte de la jornada las conferencias estuvieron muy buenas pero me fui con la sensación de que algo faltaba y no sabía qué, y ahora que escuché las otras ponencias me di cuenta lo que faltaba, en las primeras había mucha verdad, pero solo verdad, en las segundas hubo mucha bondad. Eso está bien, porque la verdad sin bondad es violencia". Recordaba, así Monseñor, al Apóstol San Pablo cuando en la Carta a los Efesios nos dice "practicando la verdad con caridad, crezcamos plenamente unidos a Cristo"(4,15).

Como sencillo homenaje del Consudec al generoso y lúcido servicio a la Iglesia argentina y como un aporte para vincular las dimensiones que señalaba como necesarias que entren en dialogo; transcribimos parte del testamento espiritual de Mons. Giaquinta, entendiendo que es un maravilloso testimonio que integra pasión evangelizadora, fe, y compromiso social.

"Hoy, 31 de julio de 2002, estando en el Cenáculo (Pilar), haciendo ejercicios espirituales, sentí una moción a escribir mi testamento. No sé muy bien para qué sirve, pero igual lo escribo. Lo primero que siento es que Dios ha sido infinitamente bueno conmigo. Llevó a mi madre cuando tenía ocho años, pero no me dejó huérfano. ¡Señor, has sido bueno con tu tierra! Tengo unas ganas locas de cantar la bondad del Señor, por siempre jamás. Lo segundo que siento es que la vida me ha sido muy fácil. Nunca el dolor fue la nota dominante. De veras que Dios ha sido bueno conmigo. Lo tercero que siento es que he perdido mucho tiempo en cuestiones intrascendentes. Sólo Dios sabe cómo me encontrará, si con los talentos multiplicados, o si con el talento guardado. Por cierto que podrían haberse multiplicado mucho más para su gloria de no haber perdido tanto tiempo en cosas tan secundarias.
Un dolor tengo: es haber dejado de ser un hombre de oración. Y por lo mismo no ser el hombre que la Iglesia y la Patria necesitan en esta hora. Una ilusión todavía tengo: que el Señor me utilice como instrumento para trazar un surco para la nueva evangelización y para levantar esta Patria tan decaída. No me importa ningún nombre, ningún recuerdo. Sólo, si Él quiere, que me use para trazar un surco para la nueva evangelización. ¡Señor, ¿ves aquella línea chiquita como una uñita?; la trazaste vos usándome a mí! Esa es mi mayor ilusión. Y si hubiese sido tan torpe que no pueda usarme ni siquiera como una pequeña uña, sé que Él tendrá misericordia de mí. Y no renuncio al Cielo, pero cómo querría que me utilice para levantar esta pobre Patria que tanto hemos maltratado los argentinos. No pretendo ver el día en que comience a resurgir. Sólo quiero ser útil para que un día comience a resurgir, y que los que sigan puedan disfrutar de una Patria en la cual sea más fácil peregrinar a la del Cielo. He querido a la Iglesia, no sé si tanto como ella merece ser amada. Pero la amo y quiero morir amándola, como es, santa y pecadora, sobre todo esto último porque me tiene a mí. Y por sobre todo amo a Cristo, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Amé a Misiones y a Posadas. Nunca imaginé que se podría amar tanto. Y amo al Chaco y a Resistencia. Y si me toca morir lejos, moriré como un desterrado.
Aunque ya miro con serenidad ese destierro. Pero cuán dulce me suena que mis pobres huesos fuesen enterrados junto a un lapacho chaqueño. Amé, por cierto, a la Patagonia, a mi Río Negro, esa especie de mi primera gran parroquia, donde aprendí a ser obispo junto a mi hermano Miguel Esteban. Amo a mis sacerdotes...seminario y a los seminaristas... ¡Ojalá que en lo que me resta de ministerio sea útil para ayudar a descubrir que esta hora argentina exige una formación sacerdotal más honda basada en el llamado de Jesús!... Amo a los laicos; que descubran cada día más que el mundo en el cual viven es su lugar de santificación, y que ayuden a desentrañar el misterio del cristiano como ciudadano de este mundo. ¡Cuánto falta! ¡Qué descuido no haber visto antes que no se puede peregrinar hacia el Cielo si somos fugitivos de la Patria terrena! La presente postración argentina tiene mucho que ver con la falta de una verdadera espiritualidad laical. ..Amo a mis hermanos obispos del NEA. ¡Qué hora nos toca de responsabilidad! De recrear todo para responder mejor a esta hora. ...Amo a mis colaboradores de la curia: a Teresa que cuida de mi casa, a Chino, a Teresita, a Agustín, a la hermana. Susana, a Zulema, al padre Bernard, fiel colaborador, leal e inteligente, a la hermana Olga que se prodigó sobre toda medida al servicio de la arquidiócesis y de mi persona. He descubierto la presencia del Espíritu Santo en mucha gente sencilla de nuestras parroquias. Y en muchos que no están en el redil de los "practicantes" he admirado la presencia de Dios, que es la suma verdad y el sumo bien. Seguro que he ofendido a muchos y les pido perdón. Se lo suplico me lo concedan de corazón. Yo no me siento ofendido por nadie y si alguien sintiese haberme ofendido, sepa que lo perdono de corazón. Me duele haber ofendido a algunos difuntos, no haberlos tratado con el respeto, cariño y sinceridad que merecían. Ruego por ellos para que gocen de la gloria de Dios, y que me reciban un día en su compañía. Ruego en especial por mi madre y por mi padre, por Betina, por Encarnación, por Juan, por Miguel, y todos mis abuelos y tíos y primos de Italia. Ruego por mis compañeros difuntos, del seminario, del curso y del episcopado. Ruego por tantos difuntos que me han querido y servido, gracias a los cuales soy lo que soy. Amo y recuerdo a mis hermanas y hermanos: Úrsula, Francisco, Salvador, Carmen, Marta, Pablo, Ángel, Ignacio, Mónica, María Teresa y a Mariana. A todas mis sobrinas y sobrinos y sobrinos nietos. ... Y por hoy termino. ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí, tú que sabes todo, tú que sabes también que te amo!"

La profundidad de Verdad, bondad y sensibilidad, que brillan en este profético testamento, nos ilumine para el servicio evangelizador a nuestra querida Nación tan habitada por ánimos crispados, puños cerrados, necios e inconducentes enfrentamientos, vulgares y prepotentes discursos , mentirosas propuestas de realización , que ha decir de Leopoldo Marechal hacen que la Patria siga siendo todavía "un dolor que aun no tiene bautismo":

Pbro. Lic. Alberto Agustín Bustamante
Presidente de Consudec
 

Cultura política del perdón - Fundación para la Reconciliación


Comunicado
Fundación para la Reconciliación presente en Foros El Espectador
 
La Cultura Política del Perdón y la Reconciliación será presentada como una alternativa para la paz
 
Bogotá, Colombia, julio 31de 2012
En el marco del Foro para la Reconciliación el padre Leonel Narvaéz, director de la Fundación para la Reconciliación es invitado como conferencista. La propuesta de la Cultura Política del Perdón y la Reconciliación será expuesta ante el país como una alternativa para la paz.
Durante el próximo miércoles 1º de agosto se darán cita en el Teatro Mayor Julio Marío Santo Domingo personalidades y expertos que creen en un proceso de reconciliación nacional en Colombia. 
Immaculée Ilbagiza, sobreviviente del holocausto de Ruanda, compartirá con los asistentes su dolor y el proceso de superación de odios y rencores que una situación de esta naturaleza puede generar. 
Este relato lo completarán otros invitados que reconocen en el perdón un proceso personal que conduce a la reconciliacion nacional. Algunos de los ponentes serán: Francisco de Roux, S.J., provincial de la Compañía de Jesús; Marcelo Álvarez, actual jefe de la misión de apoyo al progreso de Colombia de la OEA, y Leonel Narvaéz Gómez, IMC, director de la Fundación para la Reconcilición. 
A continuación la entrevista que el diario El Espectador le realizó al padre Leonel Narváez Gómez, IMC, director de la Fundación para la Reconciliación, y que se publicó el domingo 29 de julio de 2012: 
'Tenemos que liberarnos del odio': padre Leonel Narváez
Por: Andrea Forero Aguirre
Para él, la paz no es un logro exclusivo de las armas y la Iglesia católica no insiste lo suficiente en el tema.
Posicionar en Colombia algo que se viene practicando en otros países, la cultura del perdón y la reconciliación, es el reto del padre Leonel Narváez, conferencista en el ‘Foro para la reconciliación: sin perdón no hay futuro’, organizado por El Espectador y que se realizael miércoles en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. El sacerdote cree que hay que sacar el perdón de las sacristías y hacerlo de dominio popular, porque Colombia no puede seguir utilizando el lenguaje de la venganza y del rencor ni la disminución del otro.
¿Para usted qué es el perdón?
Es un ejercicio de limpieza personal de esa memoria ingrata de yo con yo, mientras que la reconciliación es el ejercicio de encuentro con el otro. Pero puede haber perdón sin reconciliación. Creo que eso es muy importante porque muchas personas en Colombia deben entender que si perdonan se liberan de un peso, así no haya reconciliación. Se trata de liberarse del odio, de la sangre agria que nos corre por las venas.
Pero, en concreto, ¿cuál es la diferencia con la reconciliación?
La reconciliación es un ejercicio de mucho tiempo. En nuestro país estamos haciendo el esfuerzo por posicionar la palabra perdón. Sólo si se hace un poco de ascenso humano y dejamos de lado el animal arcaico que todos llevamos dentro será posible.
¿Qué tan difícil es que en Colombia entremos en esa etapa del perdón?
Llevo 20 años trabajando con víctimas y victimarios. Viví 11 en el Caguán, donde me tocó ayudar con los diálogos. Yo soy sociólogo y después de tres años fallidos con las Farc, mi conclusión fue que esto no se va a superar sin un proceso de perdones mutuos. La guerrilla carga muchas rabias contra el Gobierno, el Gobierno carga muchas rabias contra la guerrilla. Pienso que el perdón es una salida indispensable para poder superar la guerra y así lo están entendiendo Israel y Palestina, los irlandeses y en Ruanda. No hay futuro sin perdón.
¿Cómo lograrlo entre tantos intereses políticos?
Por eso es tan importante el movimiento indígena. Ellos nos están invitando a ir a las raíces históricas, que son las más puras, y decirle al país: “Mire, aquí lo que necesitamos no son armas”. En el Cauca hemos tenido todas las armas y seguimos más pobres. Lo que necesitamos es salud, educación, vivienda, y no sólo la presencia militar.
¿Lo del Cauca es como una lección para el país?
Los indígenas tienen dos palabras que son fundamentales: dicen que hay que hacer la “limpia”, es decir, que el primer ejercicio para reconciliarse con la comunidad es limpiar. Y al diálogo le dicen la “conversa”. Hablan de la armonización, que es la reconciliación, y de que la limpia es un ejercicio personal y de dignidad. La persona que tiene odio y rencor se queda con lo podrido. Podría decirse entonces que el país no ha entendido a los indígenas... Yo soy feliz de ver a los indígenas que nos están diciendo: “Despierten, abran los ojos que ustedes con armas no van para ningún lado, han sostenido un conflicto armado con miles de muertes. La arrogancia de los políticos y de las guerrillas no ha servido para nada”. El presidente Santos dice que tiene las llaves de la paz en su bolsillo... Es una propuesta muy unilateral. La paz nos pertenece a todos e, igual que la violencia, es un patrimonio de todos, de la humanidad, y muy respetuosamente le digo: no sólo de usted. La paz no es un logro exclusivo de las armas, no sigamos cayendo en las trampas perversas del señor Uribe que cree que esto se soluciona a punta de bala.
¿Qué hacer para avanzar hacia la paz y la reconciliación?
El Gobierno, con gran lucidez, logró sacar adelante la Ley de Víctimas. Este es un momento histórico para Colombia; serán 10 años dedicados a reparar a las víctimas, conocer la verdad de lo que pasó y garantizar que eso no se vuelva a repetir. Los riesgos son que las víctimas se queden con los crespos hechos y se vuelvan a generar rabias y rencores, o que se queden eternamente víctimas. Se da la revictimización o se quedan en la victimidad, que es aprovechar ser víctima. Pero la palabra víctima tiene la misma raíz que victorioso.
¿Y cómo hacer esa transición?
Allí está todo el ejercicio de lo que llamamos “cultura política del perdón”. Se trata de generar narrativas o lenguajes nuevos, y no seguir utilizando el lenguaje de la venganza, del rencor, de disminuir al otro. Entonces las víctimas comienzan a ver a sus victimarios también como víctimas de la rabia que enceguece. Si llegamos a eso, sería el ascenso cultural para Colombia, nos permitiría superar la guerra.
¿Cuál es el papel de la sociedad en la búsqueda de la paz?
Todos tenemos esa responsabilidad. La Iglesia, digo yo, no insiste lo suficiente en este tema. Nosotros hacemos de todo, menos lo que tenemos que hacer. Segundo, la escuela tiene una tarea fundamental para la convivencia, no sólo para el empleo. Y los medios deben pensar en cómo educar para la paz y no para la guerra.

domingo, 29 de julio de 2012

ÉTICA del RECUERDO - Avishai Margalit

Ciertamente usted concede una importancia capital a la noción de memoria o recuerdo. En el libro Ética del recuerdo, usted distingue entre memoria común y memoria compartida. Memoria común es el recuerdo que tienen diferentes personas de las mismas experiencias; en ese sentido, es una memoria acumulativa. Por el contrario, la memoria compartida es la integración de las diferentes perspectivas en una versión única. La idea es muy interesante. Ahora bien, piense en nuestro caso, el caso español y catalán. Como sabe, el parlamento español aprobó hace poco la Ley de la Memoria Histórica, que ha generado mucha polémica. Para algunos, se trata de hacer justicia a los muertos, a aquellos que no pudieron ser enterrados dignamente, por ejemplo. Para otros, recordar por ley episodios dolorosos como la Guerra Civil o la dictadura franquista no ayudará a la conciliación, sino que reabrirá heridas. Sería un caso, éste, de lo que usted ha dicho en algún otro sitio relativo a que la cuestión política más importante no es la relación entre la libertad y la igualdad, tal como se ha mantenido a menudo, sino la relación entre la justicia y la paz.
Se trata de un caso muy interesante. Evidentemente, los recuerdos pueden dividir y pueden generar polémica. Una vez se me ocurrió crear un instituto sobre memoria compartida discutida que sirviese para que partes enfrentadas por cuestiones relacionadas con la memoria pudiesen discutirla. Por ejemplo, israelíes y palestinos, serbios y croatas, etc. Se trataría de llegar a acuerdos con respecto a lo que pasó; ponerlo en los libros de texto y enseñarlo. Creo que hay necesidad de una memoria compartida discutida, de que historiadores de las diferentes partes enfrentadas se encuentren y digan qué pasó en realidad. Muchas veces los desacuerdos tienen que ver con qué pasó en realidad y, por tanto, con qué tenemos que recordar.
Pero, ¿usted cree, entonces, que en el fondo lo que hay que resolver es una cuestión fáctica? ¿No hay siempre valoración en el recuerdo?
El desacuerdo radica en buena medida en la determinación de los hechos. Se sorprendería de hasta qué punto discrepan con respecto a los hechos. No estoy sugiriendo que exista una interpretación neutral por lo que se refiere a la valoración de los hechos. Lo que sugiero es la necesidad de llegar a un acuerdo sobre qué pasó, qué hechos se produjeron. Si las partes enfrentadas llegan a un acuerdo en ese sentido, entonces, puedes redactar libros de texto, enseñarlos, etc. Ahora bien, es cierto que existe un problema de justicia transitoria. Cuando pasas del franquismo a una democracia liberal, ¿qué haces con el pasado? ¿Llevas a juicio a quienes abusaron del poder en el régimen anterior? En este punto, no me siento inclinado a resolver los asuntos del pasado por la vía judicial. Sin embargo, hay que hacer memoria. De todos modos la memoria vuelve. Normalmente hay un vacío temporal. Los judíos que fueron expulsados de España tardaron setenta años en ser conscientes de ello y en comenzar a recordarlo. Lo mismo pasó con las personas que sobrevivieron al Holocausto. Al principio hubo un silencio profundo. Después, irrumpió la memoria. En el caso español han pasado unos treinta años. Bien, si me lo pregunta, le diré que si la memoria no sale ahora, saldrá más adelante, dentro de cincuenta o setenta años. Una nueva generación querrá saber cosas.
Fuente: Barcelona Metrópolis (fragm. de una entrevista)

PERDÓN Y RECONCILIACIÓN ENTRE ANIMALES COOPERATIVOS

ENTREVISTA A FRANS DE WAAL - por DANIEL SCARFO -

La moral como instinto

Frans De Waal fue elegido uno de los cien científicos más importantes del planeta por la revista Time. Desde hace treinta años estudia a los primates: investiga el origen de la reciprocidad y de las conductas que llevan a la resolución de conflictos. En su libro Chimpanzee Politics desafió la idea de que los animales no tienen "intenciones". Comparó las luchas de poder de los chimpancés -a quienes llegaba a adscribir habilidades maquiavélicas- con las de nuestros políticos. ¿Por qué -se preguntaba- debería haber diferentes esquemas para estudiar especies con tanta historia evolutiva compartida frente a conductas similares? En el ensayo Primates y Filósofos, recién traducido al castellano, De Waal aplica sus estudios al análisis del origen biológico de la moralidad y la justicia en la sociedad. En Our Inner Ape explora estas relaciones tan cercanas en dos sociedades bien diferentes: la brutal y guerrera de los chimpancés y la erótica y pacífica de la especie bonobo. La humana naturaleza -dice- es mezcla de ambas.

-Muchos de los trazos que definen a la moralidad: empatía, reciprocidad, reconciliación, consuelo -dice- ya están presentes en los primates. ¿La moralidad es anterior a la humanidad?

-Yo no estoy diciendo que los animales son morales de la misma manera que nosotros, pero la moralidad humana no se desarrolló de la nada. La apuntala toda una psicología, incluyendo la capacidad para formular y seguir reglas, la capacidad de empatía y simpatía, cooperación y reciprocidad. Nuestra regla de oro, por ejemplo, es una regla de empatía y reciprocidad (no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti). Esta psicología básica se encuentra ya en nuestros parientes primates; hay -como sugirió Darwin- continuidad entre el comportamiento de estos primates y la moralidad humana.

Según De Waal, en los primates hay moralidad, empatía y altruismo. La empatía está en los animales, capaces de imaginarse las circunstancias de otro (algo presente en los bebés humanos que lloran cuando escuchan llorar a otros bebés). La autoconciencia y las formas más elevadas de empatía habrían surgido juntas en la rama evolutiva que conduce a humanos y simios (esto se ve también en elefantes y delfines). La visión kantiana de que llegamos a la moralidad por la razón es, para De Waal, bastante problemática. Es obvio, afirma, que nos unimos para luchar contra un adversario: la hostilidad hacia fuera del grupo habría reforzado la solidaridad interna al punto de hacer surgir la moralidad, con la ironía de que ésta sería el resultado de la guerra: de hecho, la primera herramienta para reforzar el tejido social. Así, la moralidad resulta más enraizada en el sentimiento -más vinculada a la empatía del bonobo o a la reciprocidad del chimpancé- que en la cultura o la religión. Sería un producto del mismo proceso de selección que formó nuestro lado competitivo y agresivo, capaz de destruir el planeta y a otros seres humanos, aunque posea también reservas de amor y empatía más profundos.

-¿Qué paralelos pueden trazarse entre la conducta primate y la conducta humana? ¿Por qué estudiar la conducta animal nos ayuda a entender la humana? 

�r-Los humanos somos animales; primates. Anatómicamente nos parecemos lo suficiente (tenemos pelo, corazón, pulmones, manos que pueden asir y ADN como los demás primates) como para considerarnos uno de ellos. También mentalmente hay enorme similaridad: somos primates; quizás primates especiales. Tenemos nuestro lenguaje: ésa es la gran diferencia. 

Darwin y el origen del bien

Las observaciones de De Waal procuran entender la conducta humana a la luz de la teoría evolutiva: no es por accidente -dice- que la gente se enamora en todos lados y, sexualmente hablando, es celosa, siente vergüenza, busca privacidad (también figuras maternas o paternas) y valora las compañías estables. Hasta los "salvajes" hedonistas de Malinowski tendían a formar hogares exclusivos en los cuales hombres y mujeres cuidaban a los niños. El orden social de nuestra especie, deduce De Waal, se desarrollaría a partir de este modelo de familia nuclear (y, a la vez, cada animal tendría su propia historia). Pero contra el abuso de la teoría evolutiva, que lleva hasta a equiparar darwinismo y selección natural con una competencia sin límites, como si Darwin hubiera sido un darwinista social, De Waal sostiene que el estudio de la conducta primate desde un marco evolucionista debería recordarnos que la compasión no es una forma de debilidad recién aprehendida por la especie humana sino un poder formidable: parte de lo que somos, igual que las tendencias competitivas y agresivas.

De Waal desdibuja la tendencia a imaginar la naturaleza animal como meramente violenta. Explica cómo primero se creía que lo que nos separaba de los animales eran las herramientas. Cuando vimos que hasta los cuervos las fabrican, se dijo que era el lenguaje. Cuando vimos simios con lenguaje de signos se puso el énfasis en la sintaxis de nuestros lenguajes. Sin duda nos distingue una mayor autoconciencia, pero ya no tenemos la imagen tradicional de esa naturaleza violenta en la que debilidad significa eliminación: hoy -resalta De Waal- sabemos que los animales cuentan con considerables niveles de tolerancia y apoyo.

- ¿Por qué se evita adscribir intenciones o emociones a los animales? ¿Cómo lidia con eso?

-Esto empezó con el conductismo norteamericano, que cree que sólo podemos conocer la conducta animal pero no su vida interior: los conductistas no niegan que los animales tengan emociones, pero dicen que no podemos conocerlas. Si con eso quieren decir que no podemos sentir lo que un animal siente, tienen razón, pero esto no es motivo para eludir cualquier discusión sobre las emociones animales. En el caso del miedo, la agresión, el afecto, sabemos que en humanos y ratas se ven afectadas las mismas áreas cerebrales cuando se trata de obtener ciertas respuestas: todo indica que los mecanismos cerebrales subyacentes son los mismos. Entonces ¿por qué no llamarlos con el mismo nombre?

-¿Cómo empezó a estudiar los mecanismos de reconciliación y reciprocidad entre animales? 

-Bueno, habitualmente no tenemos que enseñarles a nuestros niños a pelear sino a encontrar soluciones mediante acuerdos, a dar respuestas "integradoras": comportamientos que ayudan a unirse, como la reconciliación después de una pelea, cuando dos personas se besan y abrazan o, como los bonobos, que tienen sexo después de la pelea. Me interesan mucho estas "respuestas integradoras", necesarias para mantener la cohesión social. 

Como otras especies, la nuestra -muestra De Waal- depende en gran medida de la cooperación para la supervivencia, Para él, la reconciliación y el compromiso serían parte de nuestra herencia evolutiva al igual que la tendencia a la violencia y la guerra. Se suele suponer que hacer las paces sería una habilidad social adquirida en la cultura y no un instinto. Sin embargo, no se suele investigar cómo resolvemos los conflictos. De Waal dice haber hallado pruebas en su investigación sobre la conducta de los primates para afirmar que evolucionamos a partir de una larga serie de especies animales que cuidan de los miembros más débiles de su especie y cooperan mediante transacciones recíprocas. La reconciliación -afirma- no sólo existe sino que está muy presente en los animales sociales Hasta el perdón -sostiene De Waal-, a veces considerado exclusivo de la especie humana podría ser una tendencia natural entre los animales cooperativos. En la medida que los datos de la vida social se conservan a largo plazo en la memoria -en la mayor parte de los animales y humanos- hay una necesidad de superar el pasado en beneficio del futuro. Así, la tendencia a reconciliarse sería un cálculo de carácter político o social que varía según la especie, el género y el tipo de sociedad (el nivel de agresión de una especie, sin embargo, nos dice muy poco sobre las posibilidades de esa misma especie para llegar a la paz, dice).

Según De Waal, los tres primates más capacitados evolutivamente para compartir con los demás, por fuera de la familia, son los humanos, los chimpancés y los monos capuchinos: las tres especies aman la carne, cazan en grupos, y comparten (incluso entre machos adultos). Si el gusto por la carne está en la base del compartir -se pregunta De Waal-, por qué negar que la moralidad se encuentra ya en la sangre.

La política más allá del zoo

Las raíces de la política, cree De Waal, son más antiguas que la humanidad, al igual que nuestras tendencias violentas tienen raíces en los hábitos asesinos de los primates. La idea de un origen en el "simio asesino" fue muy atractiva para los biólogos. Desde Konrad Lorenz a Richard Dawkins -y sus equivalentes neoconservadores en la política- se nos ha condenado como humanidad a una arena hobbesiana: si mostramos generosidad es sólo para engañar al otro. El biólogo Michael Ghiselin lo ilustró bien: "Rascá a un altruista y verás cómo sangra un hipócrita". Todo el siglo XX, recuerda De Waal, enfatizó nuestra necesidad de elevarnos por encima de la naturaleza, a partir de una equívoca visión del darwinismo. En 1960, Jane Goodall presentó a los chimpancés como el buen salvaje de Rousseau pero con el descubrimiento del lado oscuro de los chimpancés, dice De Waal, Rousseau salió por la puerta y entró Hobbes por la ventana. Los esfuerzos por destacar el lado bueno de los chimpancés resultó inútil.

Aristóteles decía que quien está fuera de la pólis es un dios o una bestia. De Waal objeta qué características supuestamente distintivas de la humanidad -la política, la cultura, la guerra, la moralidad, el lenguaje- pueden tener precedentes en otras especies. La negación de esto es antropodenial: ceguera para ver las características humanas en otros animales o las características animales en humanos. Pero si pensamos que los animales son nuestros hermanos, el antropomorfismo se vuelve inevitable y científicamente aceptable.

-En los estudios sobre animales se nos advierte contra el antropomorfismo. ¿Qué significa "antropodenial"?

-Antropodenial es el rechazo a priori de semejanzas entre la conducta animal y la humana. Si los humanos se besan tras una pelea y los chimpancés hacen lo mismo, un pensamiento de tipo cartesiano nos dirá que es mejor dar nombres diferentes a esas conductas puesto que no sabemos si el comportamiento animal y humano es el mismo. Quien use mismos términos para referirse a ambas especies -como al hablar de conductas de "reconciliación" en ambos casos- es acusado de antropomorfismo. Pero usar términos diferentes es una forma de antropodenial, una manera de oscurecer similitudes importantes que pueden estar allí presentes; es actuar como si ya supiéramos que son comportamientos de naturaleza diferente, cuando es más probable que los humanos y los chimpancés, si actúan de manera similar, estén motivados de modo similar. Por lo tanto, sostengo que el punto de partida para el análisis de especies estrechamente vinculadas debería ser: el comportamiento similar está motivado de modo similar. Una afirmación esencialmente darwiniana.

-¿Qué aporta el estudio de los bonobos? ¿Por qué se los conoce poco?

-Los bonobos son los hippies del universo primate: pacíficos y sexys. Manifiestan muy poca agresividad y tienen mucho sexo. Creo que son menos conocidos que los chimpancés en parte porque fueron descubiertos mucho después y hay menos ejemplares. También porque su conducta no encaja con el pensamiento generalizado de que los humanos somos una especie agresiva. A la gente le gusta pensar que somos simios asesinos, y los bonobos no dan lugar a este cuento.

El problema de compartir las experiencias con seres que poseen diferentes formas de sensibilidad fue bien expresado por el filósofo Thomas Nagel: "¿Cómo es ser un murciélago?", se preguntaba Nagel. Según él no podríamos saberlo. Pero para De Waal, cuanto más cercana es una especie, más fácil es entrar en su mundo interno. El antropomorfismo no sólo es tentador sino también, en el estudio de simios, difícil de rechazar sobre la base de que no podemos saber cómo perciben el mundo: sus sistemas sensoriales son esencialmente los mismos que los nuestros. En última instancia, se trata de evaluar qué riesgo estamos dispuestos a correr: ¿sobrestimar la vida mental animal o subestimarla?