sábado, 8 de septiembre de 2012

MARCOS 7, 31-37 - DIEGO FARES sj


NO SE LO PIERDAN: 

¡Es hermosísimo el pasaje de Marcos: la curación del sordo balbuciente!
Y brilla más toda la liturgia del Effeta que celebra Jesús (y que repetimos con los dos pequeños gestos de tocar con el dedo la orejita y la lengua de los bebés que se bautizan diciendo: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te permi-ta muy pronto, 
escuchar la Palabra y profesar la fe para gloria y alabanza de Dios Padre), si caemos en la cuenta de que ese sordo balbuciente es imagen del hombre –de cada persona- en el mundo actual.
Me imagino como si yo mismo en primer lugar y cada uno de nosotros, inmersos en las discusiones de sordos de la sociedad moderna, fuera siendo tomado aparte por Jesús, lejos de las multitudes, y el Señor metiera sus dedos en mis orejas y me agarrara firmemente la lengua y la tocara con su saliva y luego suspirando y levantando sus ojos al Padre me dijera “Abrite” y al instante se me abriera el oído para escuchar su Palabra y encontrara el lenguaje que andan necesitando mis hermanos y que muchas veces me desespera no encontrar. Es que el amor a la Palabra de Jesús y la convicción de que el evangelio tiene las palabras que pueden saciar la sed de todos están en mi corazón siempre en lucha, porque uno dice “no puede ser que teniendo una Palabra así –tan fuente de Agua Viva que salta hasta la vida eterna- no le llegue a tantos que se tragan otras palabras muertas y vacías. No puede ser que se impongan a la sociedad discursos que tienen apariencia de ser light y abiertos para todos y que en realidad esconden una violencia inusitada y envenenan y destruyen.
Cuando uno gusta la Palabra de verdad que sólo Jesús pronuncia, el lenguaje de medias mentiras resulta más violento que la violencia física. La violencia física puede matar el cuerpo y no te hace nada más. La violencia del lenguaje, la mentira, violentan la intimidad de nuestros pensamientos y nos hacen dañarnos a nosotros mismos, no sabiendo a veces cómo defendernos de criterios que se nos imponen con sus falacias y nos fuerzan a destruir con nuestras propias palabras estructuras de pensamiento que hasta hoy nos ayudaban a hacer el bien y en su reemplazo no nos dan nada, nos dejan en la calle. Bajo apariencia de libertad y mediante críticas sutiles a cosas que puede ser que estén revestidas con ropa fuera de moda, pero que nos mantenían en contacto con realidades buenas y verdaderas, hay discursos que nos llevan a dejar cosas santas como la reconciliación, la eucaristía, la limosna, la oración, por no hablar del valor de la familia, del no robar de ninguna manera, de respetar a las autoridades, de ser fieles a la verdad…

Por eso la necesidad imperiosa de apropiarnos, cada uno como pueda, de este “sacramento de la apertura” que instaura Jesús con sus manos, sus ojos, su suspiro y hasta su saliva.
Si la Eucaristía la instituyó partiendo el pan con las manos y si la confirmación soplando el Espíritu sobre los apóstoles, aquí vemos que están presentes todos los gestos juntos, como diciendo a nuestros oídos sordos: miren que para abrir el corazón tienen que recibir mi imposición de manos, mi suspiro y mi saliva. Miren que es necesaria la Trinidad Santísima obrando en simultáneo para abrir la mente y el corazón de un hombre.

Tanto trabajo que se tomó el Señor no puede pasar desapercibido. No fue una cura-ción de palabra ni con un solo gesto sino que desplegó todo un rito.

Podríamos sacar de aquí la primera lección que nos haga sentir algo así: si para comulgar hay que celebrar la Eucaristía, para escuchar y predicar la Palabra hay que celebrar el Effetá, la apertura. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo instituir este sacramento (signo eficaz de la gracia)?

Lo primero que se me ocurre es que, al menos en mi vida, la apertura tiene que ver con esto de dedicarle la mañana de los sábados a la contemplación y de invitar a otros a hacer lo propio.
Se trata de darle un tiempo específico a la Palabra, de tratar de escuchar lo que dice el Evangelio de cada domingo, sin muchos agregados. Simplemente eligiendo la palabra que más me gusta y comenzando a charlar con el Señor desde mi situación de la semana, desde lo que me pasó y desde el pulso que le siento a la vida.

Me gusta pensar que esta gracia (a la que le abrí el oído en el 2001) tiene un presu-puesto: si no me considerara un sordo balbuciente no me presentaría ante el Señor cada semana para que me impusiera las manos y me abriera el oído y me permitiera soltar un poco la lengua.
Esto de “estar sordo” (o ensordecido), este convencimiento de que “si no obro mejor es porque no estoy escuchando bien a Jesús, es una gracia impresionante. La verdad es que es tan grande que no produce ni asomo de pudor compartirla. Por un lado porque es paradójico vivir como una gracia lo que es un defecto: que a uno Jesús le tenga que gritar “abrite” para que oiga. Y por otro lado porque lo decisivo viene después y consiste en si uno es fiel a lo que escucha (quizás por eso a veces uno se hace el sordo y como que no quiere escuchar).
Pero más fuerte que esto que dije es la reflexión de que la necesidad de una apertura especial de Jesús tiene como causa la magnitud de la Palabra misma. No es tanto que uno sea sordo sino que la Palabra es tan plena y la voz del Pastor tan hermosa que no hay apertura humana que la registre sino que se requiere una Apertura especial.
Lo que quiero decir es que por más oído absoluto que uno tenga, la música del Espíritu requiere unos audífonos especiales que pasan por los dedos de Jesús en nuestra oreja.
Así, ya en las puertas del año de la fe esta palabra “Abrite” es el preámbulo justo y necesario para inciarnos en este camino que nos propone el Papa Benedicto, cuya pasión por la Verdad es de todos conocida. Y este pasaje de Marcos puede ser la gran parábola para introducirnos al año de la fe: la liturgia, decía, que el Señor celebra para abrirle los oídos a este sordo y soltarle la lengua.
Sentirse sordo de esta Palabra tan especial (por haber sido en muchas ocasiones una de esas ovejas que escucharon su Voz y anhelarla tanto que todo lo demás es mudez) es la primera actitud a cultivar y la que lleva al primer rito: el de confrontarse con el Evangelio cada semana y dedicarle un tiempo de escucha atenta: de lectio, de meditación y de contemplación.

Otra manera de apropiarnos de esta liturgia puede consistir en imaginar cómo están presentes los gestos de Jesús en nuestra vida actual.

Abrirse
- Tengo una pesadilla espantosa Dr.
- Cuénteme amigo.
- Sueño que tengo una puerta delante con un cartel y empujo y empujo y no puedo abrirla y todas las mañanas me despierto agotado.
- Y qué dice el cartel?
- Tire.
El chiste puede servir para tratar de identificar dónde Jesús me está diciendo “abrite” y yo siento que no puedo. Quizás es que en vez de empujar tengo que abrir para aden-tro. O lo que es lo mismo, escuchar en vez de sentenciar, acoger al otro en vez de tratar que haga lo que yo le digo.
Muchas cerrazones vienen de hacer mal la fuerza: lo que se quiere abrir se cierra más.
Preguntar qué sentís en vez de responder rápido a lo que creí entender. Dejarte tiempo para que digas varias veces todo lo que te pasa antes de decirte lo mío…

Suspiritos
Cuando los chicos se confiesan, el suspirito es la señal de que ya está. Y cuando uno lo imita, se les suelta la sonrisa y es señal de que ya sintieron el perdón. El suspiro es una señal del Espíritu.

El maestro Fiorito tenía la gracia del bostezo. Te escuchaba atentamente sin decir na-da y de golpe se pegaba un bostezo maleducado que para el que conocía la clave era como la señal de que habías descargado lo que tenías que decir y de alguna manera misteriosa el Espíritu lo había resuelto. La charla terminaba con algún material para leer, pero afectivamente la señal del Espíritu había estado en el bostezo.

Hay abrazos paternos y maternales que provocan el suspiro de los hijos y uno siente que todo está bien.
Estar con el Evangelio “hasta que suspire” es otra clave. Una manera de expresar lo del “sentir y gustar” de San Ignacio. Cuando alguna palabra “suspira”, es señal de que la asimilamos: allí quedarse.

Del dedo en la oreja, el agarrar la lengua, la saliva y los ojos al cielo, no se me ocurre nada por ahora pero quedan picando. Ante quien te tapás los oídos, quién te cierra la boca, quien sentís que te escupe el asado y cuando aparece quién levantás los ojos al cielo… Por ahí, bajo forma contraria, cada uno puede meditar si al hacerlo con el prójimo no se lo estará haciendo a Jesús, y prueba, en vez de empujar, tirar, a ver si se abre.

Cerrar filas (Un pequeño excurso)

En el Hogar estamos atentos a los cambios de lenguaje en la gente que atendemos. De golpe aparecen planteos y reclamos de una justicia que en el momento nos desconciertan…
El Jueves mientras se hacía la invitación al cine debate por los comedores una persona le reclamó a la coordinadora con muy malos modos diciendo algo así como:“y para qué hacen cine si queda gente afuera”. Cuando se le trató de explicar que no discriminábamos a nadie sino que como el espacio era limitado íbamos invitando hasta donde podíamos y dábamos prioridad a los que se habían quedado a otros debates…. , esta persona redobló su mal modo y siguió cuestionando: decía que a él no le importaba el cine pero que lo decía por los compañeros. Y hasta llegó a decir que la persona que le explicaba las cosas (con razones que para él se ve que como lo confrontaban las vivía como enojo) era el demonio el que la enojaba! Es muy significativo el hecho y sintomático de algo que se está desplegando potentemente en nuestra sociedad: demonizar al otro, gritar, no escuchar, enfrentar…
Hemos identificado que hay un nuevo discurso (en lo que hace a nuestro trabajo) que bajo el pretexto de defender los derechos de las personas en situación de calle avanza contra otros derechos, como el de hacer el bien a los que uno puede sin por eso estar obligados, como institución privada, a ayudar a todos. De golpe uno nota un lenguaje duro y nota a la vez que la persona que lo utiliza se muestra sorda a cualquier diálogo. Y hay que estar atentos y charlar mucho sobre cómo responder porque detrás de estos reclamos hay una ideología que busca ponernos en la vereda de enfrente de los pobres. Es la lógica del enemigo, que está de moda, y que provoca la tentación de confrontar. El reclamo de esta persona ante la invitación al cine-debate era responder allí: “y bueno, si no les gusta cómo hacemos las cosas, suspendemos el cine”. La tentación contraria al abrite es la de cerrar filas.
En medio de una discusión grupal puede que la cosa quede así planteada, entre posturas extremas antagónicas. Sin embargo, no todo es antagonismo en la sociedad. Después que pasó este primer turno de invitaciones y me contaron lo que había pasado, salí a la calle a ver cuántos se habían quedado a esperar por el cine y me conmovió ver la carita de tres o cuatro que estaban esperando en fila (el joven que nos había maltratado se había ido). Sentí que hay mucha gente que no habla, que no reclama, pero que con su presencia apoya las cosas que se hacen bien. Y que por ellos hay que trabajar. Y que vale la pena encontrar ese lenguaje común que exprese esta adhesión silenciosa de la mayoría al bien.
Hay más gente de la que uno cree que ha sido curada de su sordera y que habla correctamente. Sólo hay que darles espacio para que se expresen y lugares de participación.

sábado, 25 de agosto de 2012

"Que todos tenían necesidad de perdonar y de ser perdonados" - Mamerto Menapace


En una ocasión Jesús estaba rezando, y cuando terminó uno de sus discípulos le dijo: ¡Señor, enséñanos a rezar! (Lucas 11, 1).
 
El Señor se iba de noche al cerro y allí pasaba las horas, rostro al Padre. Seguramente esas horas habrán sido de rumia profunda. Y lo que Cristo rumiaba era el actuar de Dios en su pueblo. La realidad que se llamaba: Reino.
 
Es decir, la manera cómo el Señor Dios, su Padre, había ido santificando su Nombre en la historia de los hombres. Cómo su voluntad se había ido realizando por esos complicados senderos de la historia de su pueblo y de todos los pueblos. Porque el Padre que estaba en los cielos había estado comprometido con todo lo que estaba pasando aquí en la tierra. Sabía que faltaba el pan; sabía que había ofensas con ofensores y ofendidos. Y que esa realidad no dividía al mundo en dos grupos, sino que era una realidad que hería a todos los hombres. Que todos tenían necesidad de perdonar y de ser perdonados. Sabía también que la tentación era una realidad que amenazaba a cada hombre, y que cada hombre necesitaba que Dios Padre interviniera para librarlo de la tentación y de las intrigas del maligno.
 
Allí, en las noches de silencio, en la oración y en la contemplación, Jesús se convertía en minero de la historia y de la naturaleza. Del actuar del Padre que había creado todo lo que hablaba en la noche: los grillos y las estrellas; las majadas en los cerros y la lámpara en la casa; y todo eso otro que pertenece a la vida concreta de los hombres: el ladrón que sorprende al dormido y la novia que no duerme esperando la sorpresa de su amado. Allí Jesús llegaba a la esencia profunda y sencilla de las cosas, y encontraba las imágenes primordiales para hablar del Padre a los hombres, sus hermanos.
 
En el silencio de la noche Jesús escuchaba el lenguaje elemental de las cosas, y a través de él ese lenguaje se hacía palabra y subía al Padre en forma de oración. Y esa oración daba espesor y fuerza vital a sus palabras y a sus imágenes que luego afloraban casi espontáneamente en las parábolas. Y la gente las comprendía.
 
Porque la gente sencilla reconocía en ese lenguaje sencillo y grávido, el antiguo diálogo de las cosas. Reconocía ese lenguaje también escuchado por ellos en su silencio, pero aún no plenamente crecido como para ser captado como mensaje. Allí en cambio, en la boca de Jesús, el profundo lenguaje primordial de las cosas simples llegaba a hacerse comprensible. Los hombres comprendían el lenguaje del Señor porque su lenguaje había crecido en el silencio de la oración al Padre, por las noches. De la misma manera que la sangre de la tierra crece hasta pan en el silencio a la madrugada en cada mesa y que es asimilado por los hombres sin dificultad. Porque es el silencio fiel de los trigales lo que permite a la sustancia de la tierra llegar hasta el lenguaje compresible del pan.
 
Y pienso que es también el silencio contemplativo y fiel de nosotros, los hombres y mujeres de Dios, lo que puede permitir a las cosas y a los acontecimientos llegar a crecer hasta hacerse oración al Padre en nuestras noches, y lenguaje comprensible para nuestros hermanos en las parábolas a la luz del día.
 
El que tenga ojos para contemplar en la noche, que contemple. Por amor a Dios, a las cosas y a nuestro pueblo.
 

lunes, 20 de agosto de 2012

En diálogo virtual con los Curasopp


Vivimos en una sociedad dividida entre permanentes y sucesivas antinomias que se reflejan en las relaciones personales, comunitarias e institucionales. Las consecuencias de nuestra historia violenta tiñen la vida cotidiana de decepcionantes muestras de intolerancia, desconfianza, incomunicación y prejuicios, y continúan restando posibilidades a un sano proceso de diálogo social. En este contexto el grupo de Curas en Opción por los Pobres dio a conocer su “Repudio ante recientes declaraciones”. Con este documento nos permitimos dialogar como miembros de la misma iglesia y la misma patria, solo en aquellos puntos en los que deseamos sumar otra voz que amplíe la perspectiva.

Ante ya viejas declaraciones del genocida Jorge R. Videla, la publicación de textos, libros y reportajes, y ahora, ante las lamentables declaraciones de un cura en La Pampa, nos parece que no podemos quedar callados. Se corre el riesgo de creer que toda la Iglesia avala con su palabra o su silencio cómplice semejantes desatinos. Y es por eso que ofrecemos nuestra palabra:

Para quienes desconozcan el tema: el hecho aludido se produjo el pasado 2 de agosto, cuando el cura Juan Luis Hidalgo saludó por su cumpleaños a Videla en una página de Facebook que lo reivindica. Allí Hidalgo escribió: "No fueron 30 mil ni fueron inocentes. Feliz cumpleaños, General! Un soldado nunca pide perdón por haber salvado a su patria de una dictadura comunista".
El Obispo Diocesano de La Pampa, Mario Aurelio Poli, dio a conocer una carta en la que manifestó su posición respecto a lo ocurrido con Hidalgo, un episodio que calificó de "insoportable escándalo en nuestra sociedad". Señaló que esta situación generada por el cura, de 32 años de edad, "nos causó perplejidad, tristeza y un grave daño a la Iglesia, y sus expresiones son ajenas a nosotros y a nuestro oficio de amar". Así lo expresó en la carta que - según la agencia Télam - envió a las parroquias e iglesias de la diócesis, para ser leída por todos los sacerdotes en las homilías del fin de semana.

+ Celebramos que se sigan desenvolviendo los juicios por los crímenes de lesa humanidad, y lamentamos aquellos que siguen paralizados o cajoneados. Celebramos una justicia independiente que condena ejemplarmente a los culpables, y declara inocentes a quienes lo son, o de quienes al menos no hay pruebas suficientes.

+ Celebramos los procesos de memoria, verdad y justicia, ya que creemos que ninguna sociedad puede crecer, ser libre y adulta con verdades desaparecidas.

70 veces 7 también celebra las voces - aun escasas y con algún grado de temor - de aquellos que se animan a asumir sus responsabilidades o hacer su autocrítica por la lucha armada en los años 60 y 70.  Es parte de un lento desarrollo que merecemos ampliar y profundizar para sanar tantas heridas, para consolar el sufrimiento producido por tanta muerte.

+ Repudiamos las declaraciones del señor Videla, y como miembros plenos de la Iglesia lamentamos el silencio cómplice de ciertas jerarquías, el acompañamiento a prácticas asesinas, y hasta el asesoramiento y bendición del sistema represivo y genocida.

Por nuestra parte no dejamos de recordar a aquellos miembros de la jerarquía que en tiempos difíciles hicieron opciones valientes, aun en medio de la confusión y los riesgos. Algunos están vivos y tienen el coraje de contemplar el pasado – propio y colectivo - con la compasión que produce la sabiduría de los ancianos. Otros se han ido; es bueno y justo recordarlos en la profundidad del misterio del hombre, en sus fortalezas y sus fragilidades.

+ En días en que celebramos la reactivación del juicio por la desaparición, torturas y asesinato de nuestros hermanos Gabriel Longuevielle y Carlos Murias, y la condena preventiva por el asesinato del padre obispo Enrique Angelelli, tres hermanos en la fe de la Iglesia en La Rioja, lamentamos y abominamos las declaraciones del cura Jorge Luis Hidalgo, de La Pampa, afirmando que Videla no debe pedir perdón, con una retórica militar que es aberrante en un cura.

Nosotros celebraríamos también que no quedara impune el asesinato de Wenceslao Pedernera, laico que en Sañogasta participaba en el proyecto diocesano de cooperativa para peones de la zona. Su  familia, que mucho ha sufrido, merece la memoria, la verdad y la justicia.

+ Repudiamos, también, toda reaparición, evidente o disimulada de la “teoría de los dos demonios”, en discursos periodísticos, blogs o lo que fuere; algo que no solamente es falso de toda falsedad, sino que además, en nada ayuda a la memoria, la verdad y la justicia.

Del padre obispo Carmelo Giaquinta aprendimos algo muy simple pero poco mencionado: “ni teoría de los dos demonios ni teoría de los ángeles y los demonios, que es maniqueísmo”
En el 2000 decía para Radio María:

La Iglesia institucional con el Episcopado a la cabeza, que tal vez pudo detener el aluvión, no estuvo a la altura de las circunstancias y equivocó el cauce. La actitud elegida no estuvo inspirada por la valentía del Espíritu. Por una parte, creyó que debía hacer declaraciones públicas contra la violencia y el Terror de Estado, e hizo algunas muy importantes. Pero por otra, se dedicó a realizar tratativas confidenciales con el poder político en favor de los desaparecidos, pero sin poner ningún signo eficaz de oposición a las tropelías del mismo, como podría haber sido instituir oficialmente una Mesa a la cual presentar las denuncias de desaparición de personas. Así el lobo se comió al cordero. Y sobrevino la monstruosidad del Imperio del Terror, cuyas consecuencias pesarán todavía por varias generaciones.

Periodista: Su explicación parece culpar por igual a las Fuerzas Armadas y a la guerrilla. ¿Se inspira acaso en la teoría de los dos demonios?

Mons. Giaquinta: De ninguna manera. Según esa teoría, todo habría sido igual: tanto el caos que desató la guerrilla, cuanto el terror que implantó el Estado. Y por supuesto que no era lo mismo. A la esencia de la guerrilla pertenecía implantar el caos para instaurar después un orden social nuevo. En cambio, a la esencia del Estado, así estuviese regido por los militares, pertenecía el defender el estado de derecho. Apartarse del mismo para defenderlo y adoptar los métodos que decía combatir, fue una monstruosidad, que constituye de veras un crimen de lesa humanidad.
A diferencia de la teoría de los dos demonios, mi explicación parte de la observación directa de los hechos, y esto desde su génesis. Me opongo, por supuesto, a otra teoría, que nadie formula, pero que está implícita en muchas explicaciones de la represión: la teoría de los demonios y los ángeles. Según ella, los demonios, es decir los militares argentinos, se habrían escapado del infierno para invadir el mundo angelical de la sociedad argentina. Y le aseguro que la cosa no fue así”
Nos parece oportuno hacer este aporte para reflexionar con seriedad.

+ Lamentamos que cierto periodismo obsesionado por enfrentar al gobierno nacional no dimensione que ciertos temas, como los acá señalados, deben ser “temas de Estado”, que superen a cualquier gobierno; destacando –además el temor de que -si tuvieran poder o gobierno ciertos sectores o gobernantes- estos pilares de nuestra identidad se verían no sólo seriamente dañados, sino clausurados en nombre de una falsa “reconciliación”.

Creemos en la necesidad de un debate honesto, con tiempo, con contención de las pasiones, en el que la sociedad toda se haga cargo. Un debate de todos, no solo de algunos, porque se trata de la responsabilidad social sobre el pasado, el presente y el futuro. Esto no se resuelve con la lógica del ganar o perder con el uso de la tragedia que nos trasciende individualmente para involucrarnos como cuerpo social lacerado.
Hay palabras a las que no renunciamos: Memoria, Verdad, Justicia, Perdón, Pacificación, Reconciliación, por más que algunos sospechen de la intencionalidad de esta opción. Sabemos que toda expresión está sujeta a la interpretación de quien oye o lee.

Queremos reafirmar algunos conceptos que a veces se confunden:

Perdonar no es olvidar sino mirar la ofensa, la herida, con otros ojos. Es sanar la memoria ingrata.
Perdonar no es negar la ofensa sino reconocerla: existió.
Perdonar no es un deber, es una opción libre.
Perdonar no exige renunciar a los propios derechos, a la aplicación de la justicia.
Perdonar al otro no es disculparlo, descargarlo de su responsabilidad.

El perdón es un proceso personal y  no es sinónimo de reconciliación  porque ésta requiere de dos partes decididas a restablecer una relación.  
La paz de un país se basa fundamentalmente en la justicia pero no hay justicia, ni auténtica reconciliación, sin perdón personal.
Para lograr una reconciliación nacional es necesario que el Estado, los ciudadanos, y las distintas facciones políticas desarrollen  procesos de perdón.
El perdón llega allí donde no llega la justicia. La justicia se queda en la sanción de aquellos actos que, de uno o de otro modo, la han violado. Pero el perdón trata de superar los resentimientos, los odios, los instintos de venganza. La justicia, cuando llega, se queda dentro de la normatividad jurídica. El perdón logra la sanación integral de la persona y del colectivo social.

La reconciliación política requiere dar pasos:
·        Reconocimiento y legitimación de la memoria por cada una de las partes.
·        Acuerdo sobre el origen del conflicto y reconocimiento de los hechos que involucra.
·        Reconocimiento de las diversidades vinculadas al origen del conflicto.
·        Reconocimiento de la legitimidad de las diferencias entre las personas, de las emocionalidades de las experiencias, de las significaciones atribuidas a las mismas
·        Aceptación de que hay un juicio moral que no es compartido y que se requiere acordar valores básicos para prevenir conflictos futuros.
·        Reconocimiento de las consecuencias del daño material, físico, psicológico o moral. Reparación.
·        Aceptación que durante el proceso de reconciliación se darán diferencias que será preciso reconocer, hablar y encauzar para facilitar la resolución.

Hay que seguir andando…

+ Celebramos, finalmente, la recuperación del “nieto 106” a quien hacemos llegar nuestro abrazo fraterno, e invitamos a quien sea que colabore, incite, sugiera a todo aquel o aquella que pudiera ser uno de los centenares de nietos aún buscados, a que no sólo contribuya con un nuevo mojón en la búsqueda de verdad, justicia e identidad, sino que además contribuya a la liberación de un cautivo que, sin saberlo, sigue siendo una víctima más de la dictadura genocida.

Celebramos cada verdad existencial alcanzada pero respetamos las decisiones de hombres y mujeres cercanos a los 40 años que han construido sus vidas como humanamente pudieron. Tristemente las dudas se ciernen sobre todos los adoptados en aquellos años infaustos; es parte de la terrible herencia histórica. Pero el dilema solo puede resolverlo cada uno en el santuario de su conciencia inviolable.

En el Evangelio de Juan, Jesús dijo que “la verdad nos hará libres”; a esa verdad pues queremos invitar a todos, a “pedir perdón” por las mentiras que no nos dejan ser libres, y a caminar como hermanos y hermanas de la Patria en busca de más verdad, para que aumente la memoria y con justicia, seamos libres.

Amén.

Agosto 2012

ORACIÓN POR LA UNIDAD - Reinaldo García Blanco


Señor, Madre y Padre de todo lo que nos acontece
Te pido que extiendas tu círculo de luz
para poder ver en la oscuridad
 
Señor, tú que fertilizas cada instante de nuestra vida,
Te pido que te hagas semilla, tierra fértil, abono infinito
Para cultivar las relaciones humanas
hasta construir una canción que nos conecte desde el espíritu.
 
Señor, tú que das vida a las fieras mansas,
A las flores carnívoras,
Al ciervo encantado;
Te pido que des vida a una nueva creación
Donde se transmuten los odios en gozo y armonía.
 
Señor, ahora que sabemos qué son los años bisiestos,
La teoría molecular,
El origen de las galaxias y el genoma humano;
Explícanos la sencillez del amor.
 
Señor, ayúdanos a comprender tus señales, en el lenguaje de las galaxias
A disolver los años luz de ignorancia que nos separan.
Que las pinturas rupestres y los graffiti
Converjan en un solo idioma, un solo diccionario.
 
Señor, tú que haces las palabras, los vientos alisios,
Las pajaritas de papel,
Los amaneceres con arco iris;
Permite que nos sentemos todos a la mesa
Para anunciar las buenas nuevas del día que comienza.
 
Señor, tú  que nos miras desde cualquier parte y desde los ojos del otro,
Empalma una cruz, un gladiolo, una hoguera;
Y regálanos la fraternura de conversar y juntarnos
Como en los tiempos antiguos, en que se veneraba al anciano de la tribu.
 
Señor, no permitas que el sexo o la raza,
Las ideas políticas o las capacidades diferentes
constituyan estigmas, particiones, parcelas desiguales.
 
Señor, tú que haces la luz, lo oscuro, el esplendor
Borra de nuestras mentes la ostentación
y muéstranos el camino de la plenitud.
 
Señor del asombro,
Señor de la iluminación,
Señor de lo imposible;
Te ruego por muchas manos juntas,
Muchas palabras diferentes en pos de un solo significado:
UNIDAD.
 
 
Reinaldo García Blanco. 2da Iglesia Bautista “El Salvador”. Santiago de Cuba
 
Fuente: CLAI